Un tema de actualidad que se ventila permanentemente en los medios locales y foráneos se relaciona con las listas grises, asaltos a las arcas del estado, lavado de dinero, infiltraciones del narcotráfico y las muchas otras variantes que tienen un solo denominador común: el banquero delincuente.
Definamos al banquero delincuente como una persona que se relaciona con dicha actividad, ya sea a nivel de junta directiva, accionista, asesor, auditor, oficiales subalternos; en fin, todos cómplices de la actividad carente de legitimidad, no importa cómo la quieren pintar.
¿Se han preguntado por qué en nuestro “prestigioso sistema bancario” están ausentes los principales bancos de Estados Unidos y de la Comunidad Europea? ¿O por qué, los que una vez estuvieron, se han ido? La fama que tiene Panamá como refugio de delincuentes locales e internacionales, con la ayuda de los banqueros delincuentes y la anuencia o falta de acción de las autoridades, nos la hemos ganado por derecho propio y no necesitamos culpar a quienes nos catalogan como tal.
Las muestras de actos delictivos existen a tutiplén, solo hay que ver los bancos involucrados en el caso Odebrecht y los denunciados internacionalmente. Tampoco se escapan esos funcionarios y empresarios enriquecidos con sus actos delictivos cometidos en detrimento de los demás. Todos impunes y protegidos por las supuestas autoridades que deberían velar por la integridad de nuestro sistema bancario, pero se les hace más cómodo hacerse de la vista gorda y guardar silencio a lo que está sucediendo a su alrededor, convirtiéndose en socios delincuentes silentes. ¿Se han publicado multas o condenas importantes a banqueros delincuentes o a instituciones bancarias por infracciones? Me imagino que es el secreto mejor guardado para protegerse de lo ridículo de los montos impuestos, si es que los hay, y supuestamente también para proteger un sistema financiero corrupto del que hacemos alarde y se les da la bienvenida a los delincuentes.
Ciertos bancos locales tienen implementadas actividades de responsabilidad social empresarial para regresar a la comunidad ridículas sumas de las utilidades millonarias que perciben y cuya acción filantrópica se asemejan a las iglesias, escuelas, carreteras y acueductos que donan los narcos a los pueblos y comunidades para proyectar una imagen de dignidad.
Hay supuestas acciones de fiscalización que realizan actualmente ciertos bancos para mejorar las estadísticas de supervisión a sus clientes y así reportarlo a las autoridades. Imagínense ustedes a un banco solicitándole a su cliente, sociedad anónima, que le documente que sus ingresos promedio anuales de $2,xxx mensuales (están leyendo bien: dos mil y pico) y que le suministre estados financieros, declaración de rentas, idoneidad del contador, facturas o contratos que prueben que el total de ingresos anuales son de aproximadamente $ 30 y pico mil. Miles de estos pequeños clientes se ven bonitos en las estadísticas, en lugar de uno solo grande donde las posibilidades de las irregularidades son mayores a detectarse, pero no los tocan por ser clientes representativos y a lo mejor no les gustaría encontrar algún secreto en las actividades que los comprometa y que de alguna forma los convierta en cómplice.
Termino con una reflexión bíblica: Que el banco que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
El autor es ciudadano.
