El año 2026 inició bastante movido, al menos desde la perspectiva de algunos en este lado del mundo.
Por ejemplo, en Panamá, luego de un Año Nuevo bastante tranquilo, en comparación con otros años, el día siguiente se pudo apreciar al presidente de la República presentar su informe a la nación, donde se destacaron algunos puntos entre los logros que enumeró, como, por ejemplo, la incorporación de Panamá al Mercosur, la aprobación de la nueva ley de la Caja de Seguro Social, así como la integración de los actuales servicios de salud y el establecimiento de un solo servicio de salud para toda la población.
Comentó que el país necesita unión en las coincidencias y hasta sugirió que no requería de críticas “estériles”, pero todos sabemos que no hay una democracia real si no hay espacio para las críticas, productivas o no. También habló sobre el futuro de la mina, donde considero que una gran cantidad de panameños coincide en que una apertura con los controles requeridos y bajo una supervisión responsable sería muy conveniente para el país.
Este gobierno lleva más de un año y medio y una de las cosas que le podríamos recomendar es dejar de compararse con gobiernos anteriores, pues no es necesario. Infortunadamente, no ha podido cumplir con el tema del famoso “chen chen”, y era obvio, pues no encontró las arcas del gobierno llenas y ha tenido que enfrentar muchas deudas y una desvalorización del dólar que, obviamente, no nos ayuda en nada, aunque la inflación se mantenga baja.
Para muchos, de las cosas más importantes que logró en este tiempo es detener el chantaje al cual nos tenía sometido un sindicato que nunca ayuda ni sobrevive a elecciones. Le toca enfrentar ahora los “vidrios” que todos saben dónde están. Puede empezar por los que están por la avenida de los Mártires, los que andan en instituciones donde se han nombrado a los amiguitos del hijo de alguien, o a las “amigas” del otro, o, peor aún, a varios de esos que se jubilaron con jugosos sueldos y los tienen contratados en materia de seguridad como recompensa, porque espero que no sea por miedo. Él tiene la ventaja de no deber tantos favores y ya va llegando la hora de destetarse de quienes no lo ayudan en su gestión.
Recalco que es un presidente auténtico, directo y transparente, y yo coincidiría con él parcialmente, pero le seguimos recomendando trabajar en su “humanización”, que, créame, no se gana con lágrimas. Bajar el tono, sin dejar de ser enérgico, le ganaría más ese respeto que muchas veces se necesita.
El otro tema que estremeció al continente y más allá fue la extracción del dictador Nicolás Maduro, lo cual ha sido aplaudido por el mundo libre, aunque el aplauso haya sido a medias, no por cómo se hizo, sino por cómo se informó y los comentarios posteriores. Primero, no había heridos, pero resulta que sí hubo y pareciera que de ambas partes. Segundo, por el tema de reconocer como vicepresidenta a alguien que había sido designada unilateralmente por el propio Maduro; pero como con esta sí se puede negociar, entonces con ella sí, pero con quienes ganaron la elección de julio de 2024 no, porque ellos defenderían los intereses reales del país.
Los panameños que vivimos la dictadura militar vivimos y conocemos perfectamente el sentimiento de alegría que se vive en el corazón de los venezolanos, dentro y fuera del país, pero también sabemos lo que es reconstruir un país y lo hicimos con quien había sido despojado de la presidencia en elecciones con resultados similares a las que ganó Edmundo González.
Los panameños debemos solidarizarnos con los hermanos venezolanos y alinearnos con quienes están del lado de la democracia, la justicia y la libertad, y apoyar a los genuinos gobernantes electos popularmente, y no a quienes vayan a negociar en favor de quienes no han sufrido lo que ellos sí.
El autor es dirigente cívico y analista político.

