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¿Y tú, a qué le tienes miedo?

Cuando éramos niños, algunos le teníamos miedo a la oscuridad, al cuco, a la Tulivieja y en fin a los cuentos que nos referían los mayores ya fuera en la nochecita o alrededor de un aparato de radio, de esos que se convertían en los mejores amigos de los fanáticos del béisbol nacional.

A medida que fuimos creciendo, los miedos fueron cambiando y ahora las frases se convirtieron en algo como “saquen una hoja de papel”, “es necesario que sus papás vengan a la escuela” o la peor “le recomendamos no matricularse para el próximo año”.

Ya más adolescente creo que el peor temor que teníamos era invitar a una amiga que nos gustaba a salir o tener que “declararnos” a esa que nos gustaba pues el “no gracias” era devastador. Igual sucedía a las amigas que eran invitadas a bailar entre las últimas en los populares saraos o festivales de las escuelas.

Con el tiempo las cosas fueron cambiando y para muchos los miedos fueron madurando y mutando a cosas más serias, como no lograr las metas que nos habíamos establecidos en la vida, un fracaso matrimonial o peor todavía, a no tener como hacerle frente a los compromisos financieros adquiridos; no tener como proporcionar alimento y vivienda a nuestras familias, o perder un empleo.

Hoy en día, el panameño vive y enfrenta sus miedos de una forma tan diferente a la que le tocó hacerlo a nuestros padres y abuelos. Hoy tenemos una vida más simple, pero mucho más complicada para otras. Así, tenemos teléfonos celulares más complejos, que en algunos casos han reemplazado a la televisión, la radio y hasta al cine y por otro lado tan impersonales que hay personas que ingresan a un ascensor y por estar pendientes del aparato, no sólo no saludan, sino que no se dan cuenta que no están solos en el mismo.

Para muchos, el miedo se ha traducido en enfermedades, problemas maritales e ineficiencia profesional. Sin darnos cuenta, pareciéramos estar encaminados a volver a vivir la época del noriegato, cuando ni hablar libremente se podía. Antes, el miedo era a los “sapos” que, cual régimen caribeño, estaban infiltrados en todos los barrios y hasta en nuestras propias familias. Hoy las escuchas se han venido dando gracias a las gestiones de alguien con poder, ya sea por “escuchas” o intervenciones a nuestros aparatos celulares, computadoras o tablets, o por sistemas más sofisticados.

Hay a quienes he escuchado decir que le tienen pavor a un gobierno de un candidato que ha manifestado que quiere “meterle dinero a nuestros bolsillos” o sea meter la mano en tu bolsillo. Muchos sospechan las represalias y venganzas para cobrarse todo “lo que le han hecho” a este pobre y no tan inocente ser. La verdad es que sería de mucho temor volver a tener un gobernante que se dedique a perseguir a sus adversarios y no a gobernar con la decencia y honestidad que los panameños de bien anhelamos.

También hay los que tienen miedo a manifestar por quien van a votar en el próximo mes de mayo. Y es que han botado a tanta gente, que pareciera que para marzo no tendrán con quien gobernar.

Algunos de los más recientes estudios han empezado a colocar a la corrupción en el primer lugar de las cosas que más nos preocupan a los panameños. Y era de esperarse, pues se han podido percatar que este endémico mal, no solo afecta al aparato gubernamental, sino que impacta directamente en la falta de hospitales, medicinas y equipos médicos para tratar a nuestros hijos, sino que también es determinante para que un compatriota viva o muera por cáncer.

Los panameños han empezado a comprender que si no hubiera corrupción habría más escuelas, más becas (para los que nos son familiares), más oportunidades de superación que no demanden inscribirse en un partido político, mejores calles, tanto de circulación metropolitana, así como caminos de producción agropecuaria, por citar algunos ejemplos.

En lo personal, me preocupa que, por estar escuchando cantos de sirena, los panameños nos volvamos a equivocar, creyendo en mesías irreales y que en sus conciencias saben que no podrán cumplir con lo que están prometiendo. Yo prefiero un líder que nos inspire en superarnos, que trabaje hombro a hombro con nosotros. Que nos permita estudiar, trabajar y emprender para que tengamos un mejor Panamá, donde reine la seguridad, sin tener que por ello perder los derechos que tanto nos ha costado recuperar, como sucede con algunos vecinos en Centroamérica.

Al igual que tantos otros, queremos tener la posibilidad de tener ese país que nos merecemos. Por ello creo y trabajo en un Panamá posible, porque no puedo seguir siendo un espectador más, tenemos que involucrarnos y trabajar por lo que anhelamos.

El autor es analista político y activista cívico


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