El icónico grito de alegría de Pedro Picapiedra, al terminar la jornada laboral en la cantera del señor Rajuela, sin duda debe haberse escuchado a coro, no solo en los predios de la Asamblea Nacional, por parte de la mayoría de los diputados, al culminar este 1ero de julio, las votaciones para escoger a la nueva junta directiva de este órgano del Estado, sino además, en San Felipe y extra muros, donde se debió celebrar por igual, el hecho de que en la Asamblea Nacional, se siga utilizando con éxito, la dialéctica del ghetto para obtener los resultados deseados y el correspondiente control de este órgano del Estado.
En tal sentido podría decirse, que mientras los diputados al hacer uso de la palabra mencionaban con efusividad en sus discursos, los principios, valores y lealtad al pueblo, como si ello tuviese algún significado real y tangible para ellos; al mismo tiempo, encaminaban sus pasos por lodazales y trillos de sobra conocidos, por los que durante décadas, se ha preferido transitar en el debate político de nuestra endeble y frágil democracia, mediante la supeditación al poder, la complacencia a cambio de favores, y la corrupción rampante de los mismos principios y valores que juran defender.
Como un curioso ejemplo de este lenguaje populista y coloquial que habitualmente se emplea en este recinto parlamentario, la palabra “pueblo” fue mencionada en no menos de 15 ocasiones, tanto por el proponente, el diputado Camacho, como por la propia presidenta electa, la diputada Shirley Castañedas, en su discurso de toma de posesión del cargo.
Lo anterior no es un detalle menor, sobre todo si tomamos en cuenta que esta supuesta “lealtad y compromiso con los sagrados intereses del pueblo panameño”, en al menos, estos dos personajes, no se compagina para nada con la manifiesta y probada lealtad, que, en contrapunto, sí han demostrado tener -solo superados por Bruno-, con respecto al prófugo de la justicia y condenado por corrupción y lavado de dinero, actualmente residente en Colombia.
Sin forzar mucho a la imaginación, quedará por verse, si a partir de ahora, con la llegada a la presidencia de la Asamblea, de la diputada Shirley Castañedas, logrará por fin el diputado Camacho cumplir su sueño dorado de aprobar una ley de impunidad en favor de Ricardo Martinelli, luego de haber fracasado en ese intento en más de una ocasión.
En todo caso, para tales fines, quienes así piensan, y eso quieren, no podían contar con alguien mejor calificado en estos menesteres, dirigiendo la Asamblea. Recordemos que la trayectoria de la diputada Castañedas incluye la defensa preferencial de casos de alto perfil vinculados al crimen organizado, lavado de dinero, narcotráfico y homicidios, entre ellos el de Jorge Camargo Clarke alias “Cholo Chorrillo”, condenado por narcotráfico y blanqueo de capitales en Estados Unidos.
Su historial profesional como abogada, también incluye la defensa de un sinnúmero de personajes adicionales del hampa de muy alto perfil, vinculados a bandas o pandillas ligadas al lavado de dinero y al narcotráfico. Entre otros de sus connotados clientes, podemos mencionar a Carlos Everardo Herrera Chávez alias “Calito Herrera” relacionado con la operación “Ley Patriótica” vinculada a delitos de criminalidad organizada. Ricaurte Villasanta Restrepo alias “Tercero” considerado un Capo en Centroamérica y miembro prominente de la estructura criminal conocida como “Calor Calor”, quien acumulaba condenas por homicidio, delitos de drogas y múltiples fugas. La lista continúa con la defensa por parte de Shirley Castañedas de Carlos Alexander Fletes, Lizandro González Mosquera y Abdiel Antonio Ortíz Miranda, todos ellos vinculados a procesos de muy alta sensibilidad penal y peligrosidad social.
El autor es escritor y pintor

