10 de julio de 1987. Mujeres con pañuelos blancos se concentran en la vía España frente a la Iglesia del Carmen. Es viernes.
Las damas habían llegado junto a grupo de hombres que portaban banderas blancas. Eran activistas de la Cruzada Civilista Nacional, movimiento que desafió al régimen militar dirigido por Manuel Antonio Noriega.
A la concentración se fueron sumando más ciudadanos. En principio, los manifestantes marcharían al centro de la ciudad de Panamá. Pero no ocurrió: los miembros de la unidad militar de antimotines, denominada los "dobermans" por su ferocidad, los emboscaron. Luego vinieron los golpes, perdigones, insultos y arrestos. Fue una jornada brutal.
Antecedentes
Desde el 6 de junio, cuando el coronel Roberto Díaz Herrera dio una serie de declaraciones en su casa sobre cómo se había perpetrado el fraude electoral de 1984, las protestas iban en aumento.
En repuesta al llamado de los civilistas o “sediciosos”, como eran llamados por la facción gobiernista, el Partido Revolucionario Democrático convocó a sus seguidores a una marcha “nacionalista” para el 9 de junio, en apoyo al presidente de la República, Eric Arturo Del Valle, y a Manuel Antonio Noriega, quien se anunciaba cerraría el acto.
A últimas horas de la noche del martes 7 de de julio, la Presidencia de la República informó mediante un comunicado que se prohibía a ambos grupos realizar las manifestaciones anunciadas “por el inminente peligro que ellas entrañan para la integridad física de los participantes, transeúntes y los demás ciudadanos panameños”.
Al día siguiente, las 107 organizaciones que, a la fecha, conformaban la Cruzada Civilista anunciaban que la marcha sería llevada a cabo a pesar de la prohibición, y el viernes 10 de julio los civilistas salieron a las calles.
Agitaban pañuelos blancos como símbolo de paz. Eran profesionales, obreros y estudiantes que se trasladaron al sitio pese a la prohibición oficial de realizar manifestaciones públicas.
Paralelamente, desde tempranas horas de la mañana agentes de la Primera Compañía de Orden Público, “doberman”, tomó posiciones. Los miembros de las Fuerzas de Defensa también lo habían hecho en varios lugares de la capital y del interior del país. El dispositivo militar en vía España fue dirigido por Eduardo Herrera, según narró Manuel Cambra, quien era presidente del Club Activo 20-30 y víctima de la represión de ese día.
En su testimonio, hecho público el 20 de abril de 1992 en el suplemento Recordemos para que no vuelva a suceder, Cambra dice que la represión comenzó aproximadamente a las 3:30 p.m.
Los agentes ingresaron a la iglesia del Santuario Nacional de Corazón de María persiguiendo a los manifestantes. Cuando estuvieron dentro del templo arrojaron gases lacrimógenos. El cura párroco de entonces, Rómulo Emiliani, calificó lo actuado como una “profanación”.
Los agentes usaron gases lacrimógenos, perdigones y golpearon a los manifestantes con toletes. Los manifestantes en diferentes puntos de la ciudad de Panamá fueron inmisericordemente golpeados. A muchos de ellos les fue negada la atención médica necesaria y otros que fueron llevados a los hospitales fueron sacados y llevados a la cárcel Modelo.
Vehículos en llamas, personas corriendo hacia todas partes, militares repartiendo golpes, una ciudad en caos.
El saldo fue trágico. Según cifras publicadas por La Prensa y documentos como Panamá Protesta de Brittmarie Janson, cerca de 600 heridos, aunque algunos estiman 1 ,000, incluyendo a 150 por perdigones, y entre 630 y 700 detenidos fueron reportados. De estos, al menos 275 mujeres fueron llevadas al cuartel de Caballería, en Panamá Viejo. Además se reportó que numerosos manifestantes sufrieron torturas, insultos, abusos sexuales y tratos degradantes en la Cárcel Modelo y otros recintos.
Como consecuencia de este hecho se decretó una suspensión de las garantías constitucionales, el Gobierno provocó un apagón general y decretó un toque de queda, pero aun así las protestas continuaron por varios puntos de la capital y del interior del país.
Es día fue el inicio de la caída del régimen de Noriega.




Algunos testimonios
En el aniversario número 30, en 2017, algunos líderes políticos de la época recordaron lo sucedido.
Olimpo Sáez, quien fuera miembro del Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), dijo: “La militancia de nuestros amigos fue apoyar a la Cruzada y sus llamadas a las protestas callejeras”.
Sáez reconoció que estaban convencidos de que solo a través de esa presión se podría enviar un mensaje a los militares y a los países del mundo, que miraban con preocupación la situación que se vivía en Panamá.
“Los ciudadanos ayer como hoy carecemos de armas. Las armas las tenían los militares, quienes la usaban contra los manifestantes opositores (...) las casas fueron violentadas. No se respetó edades ni sexos”, dijo el político.
En tanto, Edwin Cabrera, entonces dirigente del Partido Demócrata Cristiano, manifestó que fue tal la represión de ese día, “que parecían estar en guerra”. “Hay que recordar que la represión que vivíamos no se podía comparar ni con la de los chilenos, ni con la de los argentinos, cada uno tiene su historia, pero lo cierto es que en el país nunca habíamos visto algo así”, dijo.
Según Cabrera, pese a los lamentables hechos que se suscitaron ese día, la ciudadanía comenzó a convencerse de configurar una organización más allá de los partidos políticos para derrocar a la dictadura. “Se dejó a un lado el discurso político, hubo conciencia en que la lucha ya no se basaba en un tema de debate político partidista. La sociedad entera tenía que reaccionar, ya que a partir de allí comenzó una lucha que no cesó”, sostuvo.
Gilbert Mallol, uno de los fundadores de la Cruzada Civilista, aseguró que pese a lo que muchos creen, la dictadura “se equivocaba irónicamente” reprimiendo a la población.
“Ellos querían producir miedo, coartar la libertad de expresión, y aún así nosotros sabiendo esto y el riesgo que representaba salir a manifestarse, lo hicimos. El único resultado fue consolidar la Cruzada Civilista. Conseguimos mayor credibilidad (...) fue un acto masivo al que la dictadura nunca pensó enfrentarse”, apuntó Mallol.
El año pasado, en el aniversario 38 de la gesta histórica escribió en X: “Muchos panameños cumplimos con nuestra patria y eso es un bálsamo para las heridas físicas y morales dejadas por la represión de la dictadura”.
Este artículo fue modificado el 10 de julio de 2026, a propósito del aniversario 39 del denominado Viernes Negro.
