En el corregimiento de Pueblo Nuevo hay 22 casas condenadas, en las que viven 192 familias, según informes del Ministerio de Vivienda (MIVI).
La número 57, de dos plantas, es una de ellas. Ubicada en calle 15, tiene 72 cuartos en los que vive igual cantidad de familias.
El 70% de estas personas son niños de hasta 15 años de edad, el resto son adultos con responsabilidades familiares. Algunos con trabajo, aunque la mayoría sin entrada económica fija. Viven de empleos eventuales.
Jorge Macías, un perito chapistero de 21 años de edad, vive allí. Es un chico delgado, de tez morena y conversador, quien sin ningún reparo invita a recorrer el interior del viejo caserón.
Mientras sortea las aguas negras que corren por la parte inferior del inmueble, explica que la casa tiene más de 40 años de haber sido condenada. Está totalmente deteriorada y no solo es el hábitat de personas, sino también de toda clase se alimañas. Pese a su estado, Jorge asegura que no se cae.
Da unos 10 pasos por un oscuro y fétido pasillo, y se detiene para enseñar un tubo que se desprende de la parte superior, del cual sale agua. Jorge explica que lo hace a todas horas del día y de la noche. No sabe si es agua sucia o limpia, aunque la lógica le indica que tiene que ser sucia, porque proviene de los baños y servicios.
En la parte inferior no existen baños ni servicios. Fueron reemplazados por esqueletos de cuartos vacíos, llenos de agua estancada y contaminada con excretas, cuyo hedor invade el ambiente. Un olor nauseabundo impregna la madera, la ropa y se acentúa a medida que una anciana insiste en barrer el frontal de su cuarto.
Y si en la parte inferior el panorama es deprimente, en lo alto del caserón la realidad no es distinta. Hay ratas, "conejos", dijo Jorge al describir el tamaño de los roedores que se pelean las camas con los inquilinos. "Quieren dormir con nosotros", apuntó.
En el recorrido se unen otros residentes. Insisten en decir que Carlos Tito Lee, el representante del corregimiento, los va a ayudar a arreglar la casa. "Nos lo prometió", aseguró Isidra Gálvez, una mujer que tiene nueve años de vivir en el lugar. "Sabemos que vendrá pronto", recalcó.
No ocurre igual con los diputados. Desde que terminaron las elecciones los están esperando. Afuera, todavía están las pancartas pintadas. El nombre de Rubén Arosemena, segundo vicepresidente de la República, y de Mireya Lasso, diputada de Solidaridad, reemplazan la pintura. "Desde que ganaron no regresaron", denunció Zoila Dufond, quien vive en el lugar desde hace 26 años.
Jorge continúa enseñando la parte fea del viejo caserón, una realidad que se repite en los 22 inmuebles condenados que existen en Pueblo Nuevo.
Algunos de sus residentes vuelven a sus habitaciones. Se acerca la hora en que los más jóvenes deben ir a la escuela. "La vida continúa y la esperanza de mejorar no se pierde", dicen.
Promesas
A fin de paliar la situación de las 848 familias panameñas que viven en inmuebles condenados, entre estas las 192 de Pueblo Nuevo, el Ministerio de Vivienda adelanta el programa Mejoramiento de Barrio, que incluye la reubicación de los habitantes en unos casos, y la reparación de las casas en otros.
Aunque en la actualidad no existen planes concretos para Pueblo Nuevo en lo inmediato, el representante del corregimiento, Carlos Tito Lee, indicó que está consciente de la situación y ha comenzado a tomar algunas medidas, entre estas realizar un censo para conocer la cantidad de personas que viven en los viejos inmuebles y organizarlos en comités.
La Junta Comunal coopera con esta tarea. Además, agrega el representante de corregimiento, iniciarán la reparación de baños y donarán la madera para reforzar los pasillos y balcones de los caserones.
