Había una vez en que los barrios de la ciudad capital tenían su propio cine. Algunos se construyeron en las primeras décadas del siglo XX y eran originalmente salas de espectáculos artísticos en vivo. Con el paso del tiempo se transformaron en espacios fílmicos, pero a finales de los años 80 y principios de los 90, la mayoría terminó cerrando sus puertas y, para sobrevivir, se transformaron en almacenes, sede de colectivos religiosos o simplemente están vacíos, a la espera de que alguien los rescate.
Entre los cines de barrio que tuvieron un triste final están el Savoy, Roosevelt, Central, Variedades, El Dorado, Amador y Edison, repartidos entre San Felipe y Santa Ana, así como los Multicines y el Olímpico.
Pero esa bomba expansiva también llegó al interior de la república. Aunque actualmente hay cines en La Chorrera, Chitré, Santiago y David, en las últimas décadas del siglo XX cerraron sus puertas el Espinar en Colón; El Fidelia, en Antón; El Aro, en Penonomé; El Luz y María Luisa, en Santiago; el Odeón, en Las Tablas; El Fénix, en Chitré; y el Colosal, en Puerto Armuelles.
A la fecha hay más de 70 salas de cine solo en la ciudad capital y los únicos ejemplos que cabrían en alguna medida dentro del concepto de cine barrio serían El Apolo, El Tropical y El Dorado.
DEL VHS A LAS MULTISALAS
¿Por qué se esfumaron las salas de barrio? En opinión de Miguel Joseph, presidente de la Asociación de Distribuidores de Películas de Panamá, se debió a la aparición de las películas en formato de Betamax y VHS, en detrimento del 35 milímetros. El público tuvo la alternativa de ver en su casa, por menos dinero, lo último que estaban dando los cines.
Tito Moreno, programador de películas en la empresa Romaly, añade que igualmente colaboró con que desaparecieran "la apertura de nuevas salas de cines como el Ópera, Obarrio, Lux y otros ubicados en puntos más accesibles". Más tarde vendrían otros fuertes enemigos: un servicio de canales de pago con precios cada vez más accesibles y la llegada del DVD.
Heriberto Torres, gerente de mercadeo de la 20Th Century Fox-Panamá, también le echa la culpa a la crisis económica que sufrió el país en los años 80. Pero el cartel de cerrado se puso igualmente en salas de primera categoría como Plaza, Obarrio, Astor, Ópera, Bella Vista, Aries, Universal, México, Lux y Metro, incluyendo aquellos que se especializaban en películas pornográficas como el Presidente y Cinemarte. Como las multisalas tampoco son inmunes al fracaso, en los últimos dos lustros cantaron su última tonada los California, El Conquistador y Dorado Mall.
Miguel Joseph considera que en "las multisalas" el público empezó a encontrar diversidad de oferta, lo cual le aseguraba el encontrar la película de su agrado y no tener que movilizarse de un cine a otro para encontrar entradas disponibles.
Para Neyra Chang, jefa de mercadeo de Publicisa, pesó mucho entre los espectadores que las multisalas "contaban con equipos con la nueva tecnología".
Los consumidores cada vez más exigentes se desplazaban a las nuevas salas olvidando aquellas del Panamá romántico de ayer.

