VIVIENDA INFORMAL. 285 MIL PERSONAS VIVEN EN ‘CASAS BRUJAS’.

CIUDAD Las vidas en el centro de la marginalidad

San Francisco es solo uno de los cientos de barrios informales que hay en las periferias de la ciudad. Este tipo de asentamientos comenzó al final de la década de 1950 en toda Latinoamérica.

CIUDAD Las vidas en el centro de la marginalidad
CIUDAD Las vidas en el centro de la marginalidad

En el sector 1 de San Francisco, cerca de Mocambo, el golpe seco de los martillos y el vaivén de las viejas hojas de zinc no terminan nunca.

Allá, donde la electricidad es un lujo, hay que aprovechar hasta donde se pueda la luz del sol para levantar "la casa". Una de paredes de madera y piso de tierra, porque no hay para más.

En esta barriada hay más de 50 casas. En una de ellas vive Gabriel Pérez, uno de los primeros que decidió, hace ya algún tiempo, tomar ese pedazo de tierra como suyo, aunque los libros legales dicen que es propiedad del Banco Hipotecario Nacional.

Levantó su casa hace cuatro meses y ya hay algunas plantas sembradas en potes pequeños que cuelgan del techo. Al lado están los tanques para almacenar agua, pero aunque Pérez instaló un grifo, es más fácil recoger agua del cielo. Pérez vive con su esposa y cuatro hijos cuyas edades oscilan entre 10 y 20 años.

La casa de Gabriel está casi limpia. Solo tiene una radio de baterías, y una foto de los hijos que cuelga de una de las paredes de madera compone el "mobiliario", mientras que las divisiones de los cuartos son de tela.

¿De qué vive la familia Pérez? Pues de toda la basura que llega al vertedero de Cerro Patacón, donde cientos de personas, como ellos, entierran sus manos y pies en la inmundicia para encontrar algo, cualquier cosa que sirva para comer o para vender.

San Francisco no es una comunidad de gente que trabaja en oficinas del centro bancario ni en los comercios de Paitilla. Es una cuyos habitantes viven de la basura.

Cerca de la casa de los Pérez vive Leonardo Moña, quien vino desde muy lejos. Un buen día se le hizo poco el remoto pueblo de Jaqué, en la provincia de Darién, y decidió probar suerte en la ciudad.

Moña está empeñado en la construcción de una escalera porque su terreno está en un alto y quiere llegar a la "calle" más fácilmente. Como para completar el cuadro, unos niños juegan en medio de un peladero de tierra mientras una mujer cocina en un fogón de leña y otros vecinos cargan agua.

Marginales o informales

Cuenta el arquitecto Álvaro Uribe que la marginalidad –tal como se conoce ahora– surgió con la mecanización de las labores del campo no solo en Panamá, sino en toda Latinoamérica, al final de la década de 1950.

Mucha mano de obra fue desplazada y terminó emigrando hacia las ciudades. A falta de dinero y viviendas levantaron techos en los terrenos baldíos que encontraron, muchos de ellos inadecuados para vivir. A estas moradas les llamaron "casas brujas" porque aparecían de un momento para otro.

Ya en los años 70 y con la aplicación de la teoría sociológica, estos barrios fueron rebautizados con el nombre de "barrios marginales", porque en ellos vivían personas cuyo sustento se derivaba de la economía informal.

Luego, como muchos de sus habitantes viven en condición de precariedad, sin título de propiedad del terreno que ocupan y, en muchos casos, sin servicios básicos, se les cambió el nombre por el de "precaristas". Ahora la tendencia es llamar a estos lugares "barriadas de autoconstrución".

Pero en la nomenclatura de la burocracia el nombre es "asentamientos informales".

A Pérez, claro está, el nombre que le den a su barrio lo tiene sin cuidado. Desde que emigró de su natal Veraguas, a los 16 años, siempre ha vivido en estos barrios. Ahora tiene 60.

Las autoridades lo catalogan como "agregado" (término que se utilizaba en la burocracia para definir a quienes viven en casas donde hay otro jefe de familia) y ahora quiere algo propio. "Quiero dejarle algo bueno a los hijos, y para eso quiero hacer la casa de bloques algún día", agrega.

Nueva política de vivienda

Fausto Palacios es director de Asentamientos Informales del Ministerio de Vivienda (Mivi) y él mismo vivió en un barrio de precaristas. Paradójicamente, su misión ahora es evitar nuevas invasiones y tratar de legalizar a quienes ya viven en este tipo de barriadas.

En todo el país hay, según censos del Mivi, 517 barriadas de este tipo y 80 de ellas están en proceso de regularización. Se calcula que 285 mil personas viven en estos lugares.

Como el sector 1 de San Francisco, otros 144 asentamientos están en terrenos que son propiedad del Banco Hipotecario Nacional y 80 más de ellos están en terrenos que no poseen registro de dueño.

Palacios explica que durante su administración se han entregado mil 211 certificados de asignación provisional en Las Cumbres y en el distrito de San Miguelito. Además, en la provincia de Chiriquí se han entregado 717 certificados.

El Mivi tiene en sus planes designar algunos polígonos que serán divididos en lotes de 500 metros.

Además, se determinarán los espacios para construir calles y todas las facilidades que demanda un asentamiento humano moderno.

Palacios dijo que estos terrenos serían distribuidos entre personas que realmente tengan necesidad de tierra y no cuenten con la capacidad para comprarla.

Por otro lado, aseguró que analizan fórmulas legales que les permita sancionar a quienes organicen invasiones de terrenos. "Hemos encontrado personas que han cercado hasta tres hectáreas de tierra en el área de Tocumen", explicó. En estos casos, dijo, han actuado para evitar que se dé el acaparamiento de terrenos.

Análisis de la propuesta

Para el arquitecto Uribe, todas estas medidas tendrán mucha utilidad siempre que se manejen dentro de una estrategia de desarrollo citadino.

La lotificación de los polígonos, dijo, es una iniciativa que funcionaría adecuadamente si antes de dar los suelos se instalan las facilidades necesarias.

"No debe ser una medida aislada, deben ser cosas que tengan otros ingredientes. Tiene que haber planificación y mirar hacia donde queremos que vaya la ciudad ", agregó .

Explicó que a falta de una planificación adecuada, las ciudades comienzan a crecer solas y sin dirección, y esta situación hace que todo se encarezca.

"Es más caro construir acueductos o tendidos eléctricos, y además muchos asentamientos autoconstruidos se forman demasiado lejos, lo que dificulta el establecimiento de líneas de autobuses", explicó.

Mientras los planes y las teorías van y vienen, la gente de San Francisco sigue en lo suyo.

Siguen buscando el sustento en el vertedero y todos siguen soñando con la casa propia que nunca han tenido. "Es que quiero dejar algo a mis hijos", repite Pérez, mientras los potes tambalean en el techo.


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