El desarrollo es sinónimo de mejora social y económica para los pueblos, pero en los países tercermundistas esta es una verdad a medias.
La construcción del puente Centenario y sus accesos es un ejemplo claro de cuando el beneficio de la mayoría margina a un grupo que, generalmente, representa a la clase más pobre. Pero los responsables no están de un solo lado.
Yesenia y Valeria viven hace años en Arraiján, muy cerca de la zona de servidumbre de la obra, en barriadas improvisadas. Aunque dicen tener suerte de que no las desalojaron, viven con temor y perturbadas por el ruido.
Los acuerdos para mitigar los efectos de la construcción no se cumplieron, dice la Defensoría del Pueblo y la reubicación sería la salida más apropiada.
(Vea 4A)