Apareció en Panamá hace más de medio siglo y desde entonces tiene a los especialistas rompiéndose la cabeza para tratar de descifrar cómo llegó. Es la paja canalera o paja blanca, esa que desde los años 1940 echó raíces y logró ocupar 2 mil hectáreas entre el Parque Nacional Soberanía y el Parque Nacional Camino de Cruces.
Esta nociva planta, conocida por los científicos como la Saccharum spontaneum, forma parte de una investigación continua sobre los bosques tropicales que dirige el Proyecto de Reforestación con Especies Nativas (PRORENA) y la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). La información sobre el comportamiento de los bosques naturales que utiliza PRORENA se genera de estudios realizados por el Centro de Ciencias Forestales del Trópico (CTFS) en Barro Colorado y que iniciaron hace 25 años.
Uno de los propósitos del estudio, que se realiza en una parcela de 22 hectáreas ubicada en el límite entre el parque Soberanía y Camino de Cruces, es disminuir el crecimiento de la gramínea.
Hay varias versiones sobre su llegada a Panamá, señaló Mark Wishnie, director del proyecto. Una de ellas dice que la paja canalera fue un intento fallido para crear un híbrido con la caña de azúcar para que incrementara la producción. Pero no funcionó. Otra sostiene que había sido traída por los ingenieros estadounidenses para controlar la erosión a orillas del Canal de Panamá. Lo cierto es que es originaria de Asia y África y que está prohibido transportarla a cualquier país.
"La idea es averiguar qué especies de bosques pueden crecer en áreas abiertas como esta", explicó Wishnie, de manera que se pueda contrarrestar la paja. Y entre estos se encuentra la guabita cansaboca, un árbol que produce mucha sombra y se descubrió que la paja blanca muere bajo la sombra densa. También está el amarillo, un árbol maderable, pero que crece más lento que la guabita.

