Los altercados entre diputados de la Asamblea Nacional cada vez suben más de tono. “Ave carroñera”, “ladrón”, “traidor”, “cobarde” y “pillo con corbata”, son solo algunos de los epítetos que, en los últimos meses, se han lanzado mutuamente hombres y mujeres investidos con el cargo de diputado o diputada.
Los insultos son proferidos indistintamente si están en el pleno de la Asamblea Nacional o en un medio de comunicación. El escenario es lo que menos importa.
Esto ocurre pese a que existe una norma que rige la conducta pública de los llamados “padres de la patria”. Se trata de la Ley 33 del 27 de octubre de 2005, que adopta el Código de Ética y Honor Parlamentario.
Esa legislación –aprobada bajo la presidencia del diputado perredista Elías Castillo (2005-2006)– dice en su artículo 10: “es incompatible con los deberes inherentes al cargo de diputado o diputada “proferir injurias, calumnias, acusaciones temerarias o amenazas contra colegas y demás”.
Esta ley, sin embargo, no establece sanciones para los diputados que la infrinjan. Solo concurre el llamado de atención para los mismos. Pero, ¿cuántos llamados de atención se han hecho?
El panameñista José Luis Varela, ex presidente de la Asamblea Nacional, dijo no recordar si durante su período se aplicó esta normativa a alguno de sus colegas. “Creo que nunca”, fue su respuesta inmediata.
La discusión más reciente, en donde hubo ataques mutuos, lo protagonizaron los diputados Marylín Vallarino (Cambio Democrático) y Leandro Ávila (Partido Revolucionario Democrático).
Vallarino acusó públicamente –el 12 de enero pasado– a su colega de malversar fondos públicos y de amenazarla con un arma de fuego. En contrapartida, Ávila la tildó de “cobarde” y de “persona peligrosa” que se escuda en su inmunidad para calumniar e injuriar.
Las diferencias entre ambos se avivaron el 30 de enero, cuando Vallarino –en una entrevista publicada en este diario– dijo que Ávila era un “carroñoso” y que la Asamblea Nacional era un patio limoso donde los diputados lavaban sus trapos sucios.
En esta ocasión, Ávila prefirió responder con un pasaje bíblico del libro de Lucas 6:45, que señala: “de la abundancia del corazón habla la boca”.
El diputado llamó la atención de que estos ataques vienen específicamente de la esposa del diputado suplente Agustín Sellhorn, que irónicamente presentó un proyecto para penalizar, hasta con cuatro años de prisión, a quienes ofendieran al Presidente o a funcionarios elegidos por el voto popular.
Al respecto, el diputado Varela indicó que este tipo de críticas hacia los adversarios políticos se sale del contexto político y falta el respeto, lo cual indiscutiblemente afecta la imagen del Órgano Legislativo a nivel nacional e internacional.
En ocasiones, los insultos han pasado a manotazos. Un ejemplo de ello fue cuando se discutió las reformas a la Ley de Carrera Administrativa, el diputado opositor Yassir Purcait le arrebató de las manos el proyecto de ley a su colega Iván Arrocha, quien lo leía. Purcait, molesto, también derramó un vaso de agua sobre los papeles.
Carlos Gasnell, de Transparencia Internacional capítulo de Panamá, opinó que por ser la Asamblea Nacional el lugar donde se aprueban leyes que regulan la conducta social de los panameños, debería ser un ejemplo de diálogo, consulta y tolerancia. Agregó que los diputados que actúen contrario a los valores democráticos, le envían un mensaje negativo a la ciudadanía.

