Diana empezó a caminar a los seis años y a hablar a los siete. Sus brazos y piernas estaban casi inmóviles y sufría de constantes ataques epilépticos.
Hoy tiene 10 años y puede caminar, hablar, jugar, y sus ataques son menos frecuentes, cuenta emocionada su madre Basilia Quintero.
Gabriel empezó a caminar a los dos años y diez meses. Él era un niño muy delicado, no se podía poner de pie y “era todo aguadito”, tanto así que le decía “mi muñeco de trapo”, cuenta su progenitora Iris Arcia. Ahora, el pequeño tiene tres años y su cuerpo es más fuerte; no solo camina, sino que también salta y corre, dijo su madre.
Estos son solo dos casos de los 500 niños con síndrome de down, parálisis cerebral, movilidad reducida y autismo que reciben tratamiento de equinoterapia por parte del personal del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE).
Además, de este tratamiento se benefician los estudiantes del Programa de Estimulación Precoz de Ancón y el Programa de Autismo en Betania, del Programa de Parálisis del Centro Metropolitano, del Programa de Parálisis Cerebral Módulo de Santa Librada y alumnos con discapacidad motora del Módulo de la Extensión de Tocumen y Antón, en Coclé.
Especialistas señalan que esta es una terapia que utiliza al caballo como un instrumento natural para la rehabilitación física, psíquica y social de niños con discapacidad motora y mental. Esto se consigue mediante una interrelación entre el alumno, el animal y el terapeuta, permitiendo que los pacientes mejoren y disfruten de la actividad.

