Es tarea del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) instalar los hidrantes, pero el jefe de la gerencia metropolitana de esa entidad, Andrés Robleto, no sabe cuántos hay. "Está por mil 500, pero con esto de las construcciones, cada día las empresas privadas instalan más", se justifica.
Inicialmente Robleto indicó que el Idaan no hace inventarios. Luego dijo que el 15% de los hidrantes presenta problemas, y después aceptó que sí tiene los informes, pero que no los hacen ellos sino el usuario de los hidrantes, el Cuerpo de Bomberos de Panamá.
Robleto no facilitó todos los informes pues, según dice, no todos los cuarteles los suministraron. Pero este diario consiguió algunos otros que detallan la situación.
La ley exige un hidrante cada 150 metros, pero ni en la barriada Guayabito ni en las vías principales de San Cristóbal hay hidrantes. A la escasez se suma el hecho de que no todos los que están, funcionan.
Desde calle 46 y Paitilla hasta el Complejo Hospitalario hay 142 hidrantes; el 41.5% sirve. En Bethania, Los Ángeles, La Locería y Ave. Eloy Alfaro la situación es peor: de 210 hidrantes, 117 tienen fallas.
Los hidrantes de la 5 de Mayo, la Ave. Central y el Parque Santa Ana están en mejores condiciones. De 76, 12 están dañados. En El Chorrillo, Ave. Ancón y Ave. de los Mártires, 43 de 48 están bien. San Felipe y El Chorrillo tienen 81 hidrantes, el 33% de ellos con problemas.
En el circuito de Juan Díaz casi todos los hidrantes presentan fallas, y todos los de la urbanización Villa del Sol, Campo Lindberg, Jardín Olímpico, Llano Bonito y Altos del Hipódromo tienen algún daño.
Los problemas son siempre los mismos: tapas tomadas por el óxido, hidrantes enterrados o a ras del suelo, obstruidos por casas o totalmente fuera de servicio, y baja presión de agua.
Las consecuencias
"Mal, mal, mal". Así describe un bombero que pidió el anonimato "para no dañar su relación con el Idaan", la situación de los hidrantes.
Han ocurrido varios incendios este año en los cuales la falta de agua y los hidrantes en mal estado han complicado el trabajo de los bomberos: en enero en Colón, en marzo en Doleguita y en Curundú, y en abril en San Francisco.
"Los hidrantes no son confiables bajo ningún concepto", afirman otros dos bomberos. Por eso han optado por llegar a la escena con el carro lleno de agua (750 a mil 250 galones). Como se acaba en 10 minutos, luego se ayudan con camiones cisterna (que tienen entre 2 mil a 3 mil galones). Usan, además, equipos que extraen agua de piscinas y embalses.
Robleto dice que la gente se roba el agua; que su personal está formado por cuatro personas; y que trabajan con un presupuesto bajo.
Cambiar un hidrante cuesta 950 dólares. Pero eso no repara el daño. "No recibimos respuesta. Dicen que van a ir a revisar, pero no hacen nada", argumentan los bomberos.

