Han pasado más de dos siglos desde su descubrimiento y la ciencia desconoce qué causa con exactitud la enfermedad de Parkinson. Hasta el momento, la ciencia considera que tres factores se relacionan con el desarrollo de este trastorno progresivo del sistema nervioso central: la edad, el ambiente y la genética.
Luis Carlos Castillo, neurólogo de la Caja de Seguro Social, explicó que el paso de los años y la exposición a insecticidas aumentan por ejemplo este riesgo. En relación con el factor genético, agrega, se sabe que cuando la enfermedad se manifiesta a una temprana edad (antes de los 50 años) es más probable que sea hereditaria.
El Parkinson es común en personas entre los 50 y 60 años y afecta al control y la coordinación del movimiento, del tono muscular y de la postura. Esto resulta del deterioro de la llamada sustancia negra, un grupo de neuronas que se encuentra en el tallo del cerebro -específicamente en el mesencéfalo- y que producen la dopamina, la sustancia que permite que los movimientos se realicen de una forma coordinada, flexible y rápida.
En la reciente XXXI Jornada Científica, organizada por el Centro Médico Paitilla, la Universidad de Panamá y Cleveland Clinic, Patrick Sweeney, miembro del Departamento de Neurología de ese hospital estadounidense, aseguró que después de los 45 años "todos perdemos por década un 13% de las células que generan la dopamina". También aclaró que cuando las personas presentan los primeros síntomas, como temblor, rigidez y lentitud en los movimientos, "el cerebro ya ha perdido el 80% de tales neurotransmisores".
De cara al tratamiento
Sweeney señaló que dado el diagnóstico, el tratamiento depende de la edad y los deseos del paciente, su habilidad motriz y entorno en el que desempeña. Para ello existen seis medicamentos que, pese a no eliminar la causa, alivian la mayoría de los síntomas.
Fernando Gracia, neurólogo del Centro Médico Paitilla, explica sobre la acción de algunos de ellos en un texto científico, publicado en el último boletín del Centro: "Los anticolergénicos (los primeros fármacos que se usaron para el tratamiento del Parkinson) alivian el temblor y la rigidez y reducen el exceso de producción de saliva; su efecto sobre la lentitud de los movimientos es menor. Otra sustancia con efecto antiparkinsoniano es la Amantadita, que en un principio se usó como antivírico".
Por mejorar casi todos los síntomas, uno de los fármacos más conocidos es la Levodopa (nombre genérico de un compuesto químico simple hallado en animales y plantas). Luis Carlos Castillo expresó que cuando éste llega al cerebro se transforma en dopamina, pero que su uso solo funciona bien durante los primeros cinco años de tratamiento: "Después su efecto se va muy rápido y el paciente fluctúa, es decir, en algunos momentos presenta los síntomas y a otros ratos desaparecen".
Incertidumbres y aciertos
Contrario a lo que algunos pensarían, el cigarrillo tendría un efecto positivo en la prevención del Parkinson. Tras expresar que está en desacuerdo con el tabaquismo, Sweeney manifestó que 39 estudios revelan que fumar reduce la posibilidad de presentar este mal. Según Castillo, análisis estadísticos muestran que sucede algo similar con el consumo de café.
Otra de las incertidumbres corresponde a la aparición de los cuerpos de Lewy, propios del desarrollo de la enfermedad. Estos se alojan en la sustancia negra y están compuestos por una proteína que se llama alfa-sinucleína: "No se sabe si esta alfa es una especie de desecho o si participa en la defensa de las neuronas que producen la dopamina", añadió Castillo. Por el momento es claro que a quienes se les diagnostica Parkinson y están en tratamiento, su calidad de vida es superior respecto a la de los pacientes de Alzheimer. También está confirmado que siete de cada 10 personas con la enfermedad presentan los síntomas en un lado del cuerpo. Y que el ejercicio es uno de los factores que además de reducir los síntomas, funciona como una forma de prevención si se practica desde la juventud.
Mientras la ciencia busca soluciones, los médicos reiteran que la enfermedad sí se puede controlar y que para ello es importante estar informados.

