En la religión de Ana María -quien prefiere mantener el anonimato- es importantísimo tener un varón: llámese tradición, cultura, o discriminación, pero tener un niño era su sueño.
Cuando trató de quedar embarazada se dio cuenta que tenía problemas de fertilidad y recurrió a la fertilización in vitro; tuvo una hermosa niña.
"Claro que estaba agradecida de tener una niña saludable, pero al pensar en tener otro hijo no quería pasar por todo el dolor y el riesgo de la fertilización in vitro para tener otra niña", admite esta madre panameña.
Por eso decidió escoger el sexo de sus embriones la segunda vez. Luego de cuatro intentos, logró que uno "pegara" y hoy tiene un bebé varón.
Como Ana María, son muchas las personas que ya han recurrido a esta tecnología que llegó a Panamá hace tres años.
Parece que fue ayer que nació el primer bebé probeta, pero hoy la tecnología nos vuelve a sorprender y nuevamente nos encontramos en el amanecer de un cambio: ahora podemos escoger el sexo del bebé antes del embarazo.
No tiene nada que ver con la dieta (como decían las abuelas), ni con el calendario chino, ni con la época del mes en que se conciba el bebé; todo aquello es mito.
Para escoger el sexo del bebé hay que recurrir a una técnica llamada Diagnóstico Genético Pre-implantación o PGD, por sus siglas en inglés.
Aunque la técnica no es la única para realizar la selección, es calificada como la más provocativa y eficiente. Y por ahora, es la única que se ofrece en Panamá, donde no hay legislación que la regule.
Según el ginecólogo Mario Vega, esta tecnología se utilizó originalmente para hacer diagnósticos de enfermedades genéticas como la anemia falciforme y la fibrosis cística.
El Diagnóstico Genético de Pre-implantación se efectúa durante la fertilización in vitro, donde un espermatozoide fecunda un óvulo en un tubo de ensayo.
Durante unos días, el óvulo fecundado crece. Se le extrae una célula y se examina para conocer el sexo del embrión y verificar si existen genes malformados.
El método consiste en revisar los cromosomas para determinar cuáles son femeninos y; cuáles, masculinos. La técnica nos da un 94% de efectividad, explica Vega.
Según el especialista, el método PGD solo se ofrece localmente en el Centro de Ginecología, Obstetricia y Repro- ducción, propiedad de Vega.
Hasta ahora han nacido en Panamá alrededor de 15 bebés con esta técnica, asegura el especialista en fertilidad, incluyendo el niño de Ana María.
"Esto es un lujo", admite Vega. Solo la sonda de PGD cuesta alrededor de 5 mil dólares sin contar el costo de la fertilización in vitro. Y hay que considerar que a veces, la mujer no queda embarazada.
Jugando a ser Dios
En Estados Unidos, el boom ya se siente. Existen varias páginas web dedicadas a ofrecer este servicio como choosethesexofyourbaby.com (escoge el sexo de tu bebé.com) y myboyorgirl.com (mi niño o niña.com).
Allí, miles de personas cuentan sus experiencias y solicitan información acerca del tema.
Mientras la habilidad de escoger si tener una niña o un niño es aplaudida por unos, también despierta una serie de interrogantes éticas cuestionando si la ciencia ha cruzado una línea que no debe.
Un reportaje publicado en la revista Newsweek en enero de este año, deja ver que el tema está candente y que es objeto de discusión entre médicos académicos y las juntas éticas universitarias.
A los opositores de la selección "artificial" del sexo del bebé les incomoda que los humanos tomemos decisiones que corresponden a la naturaleza o a Dios. ¿Podría esto causar un desbalance en los géneros?
Vega responde que "en las solicitudes no hemos visto que se favorezca a un sexo sobre otro, pues la familia tiende a balancear el sexo que le haga falta".

