No lo porta la caricaturesca hormiga atómica, ni se trata de un producto novedoso que llegará al mercado. Mucho menos tiene que ver con los asuntos nucleares que por estos días han tomado relevancia entre la opinión pública.
El reloj atómico es una máquina que por medir con alta precisión y exactitud el tiempo, determina la hora mundial. Y en el país hay dos de los 300 relojes de este tipo que existen en el planeta.
Con estas palabras Raúl Solís, ingeniero en electrónica y comunicaciones, enseña estos particulares dispositivos que funcionan desde el año 2003 en el Centro Nacional de Metrología de Panamá, Cenamep, en la Ciudad del Saber.
Ambos aguardan en el Laboratorio de Tiempo y Frecuencia, donde también hay tres computadoras y una decena de baterías que sirven "de respaldo energético" cuando ocurre un apagón.
"Desde el momento en que se enciende un reloj atómico, éste no puede apagarse hasta que su ‘combustible’ se acabe", dice Solís.
Con esto se refiere al cesio, el elemento químico que hace funcionar a los relojes atómicos y que tiene un tiempo de vida dentro de la máquina de hasta cinco años (Ver infografía).
Hasta mediados del siglo XX la escala de tiempo estaba sujeta al período de rotación de la Tierra, que se suponía era uniforme, pero que en realidad es variable a causa de la fuerza de las mareas y de las alteraciones atmosféricas.
"Por medio de los relojes atómicos se ha demostrado que la rotación del planeta es cada vez más lenta. Desde el año 1970 nos hemos atrasado 30 segundos", ejemplifica.
Uno de estos "atrasos" en el tiempo ocurrió curiosamente el 31 de diciembre del año pasado cuando el último minuto de 2005 duró 61 segundos: "A esto se le llama segundo bisiesto. El conteo fue cinco, cuatro, tres, dos, uno, uno...", se ríe.
La exactitud de estos relojes es tal que "demoran 30 mil años en atrasarse un segundo". Es por esto que desde la década de 1960 definen el segundo.
El tiempo atómico, medido por estos relojes, es esencial en la actualidad para la navegación, el transporte, la aviación y las telecomunicaciones.
La clave es el material
Entre los relojes atómicos y los relojes de uso común solo hay una similitud: su función, que es medir el tiempo.
Para trasladar un aparato de estos, que tiene las dimensiones de un antiguo Betamax, se requiere de la fuerza de al menos dos personas.
Y estas son solo diferencias de tamaño y peso. La exactitud es la principal razón por la que estos aparatos se usan en el ámbito científico y la clave está en el material del "combustible".
El cesio presenta un comportamiento mucho más estable en el tiempo porque el efecto que reproduce, marcar el segundo, se ve menos afectado por la temperatura, la presión y la humedad.
Contrario sucede con otros materiales como el cuarzo y el rubidio que se desgastan más rápido y que son alterados por estos factores, indica Solís.
El cuarzo, por ejemplo, es usado para el funcionamiento de relojes de pulso y televisores. "Estos pueden atrasarse hasta un segundo en una semana".
Y los que usan rubidio, como los equipos de telecomunicación, "pueden atrasarse un segundo en un par de meses", añade.
EN CONEXIÓN
De lunes a viernes Solís debe vigilar las condiciones del laboratorio para que los relojes atómicos funcionen bien.
Uno de los relojes se sincroniza con el Sistema de Posicionamiento Global, más conocida como GPS, una red de 24 satélites que está a más de 20 mil kilómetros de la Tierra y que usan relojes atómicos.
"Estos relojes del espacio se coordinan entre sí y envían una señal al planeta indicando en qué momento cambia el segundo".
Con la señal de la GPS y los registros de tiempo de los relojes atómicos que funcionan en los cerca de 56 laboratorios que hay en todo el mundo se determina el Tiempo Atómico Internacional (TAI, por sus siglas en francés).
El TAI a su vez define el Tiempo Universal Coordinado u hora UTC, que permite calcular el tiempo de las distintas zonas horarias del planeta.
"La hora mundial resulta entonces de una comparación de datos entre los relojes de los laboratorios y los relojes de los satélites GPS y, además, de una comparación de los laboratorios entre sí. A esto se llama método de comparación por vista común", asegura el ingeniero.
Panamá también participa de este método por medio del Sistema Interamericano de Metrología. Solís manifiesta que junto con los laboratorios de Canadá, EU y México realizan dichas comparaciones.
Por eso señala un computador de color negro que está cerca de los dos relojes atómicos: "Este indica las diferencias de tiempo que marcaron los dispositivos de estos países. Entre más comparaciones, la media del segundo es más exacta".
¿Pero por qué el afán de hallar tal precisión? Solís reitera que de no ser por estos relojes las actuales actividades humanas, que se rigen por esta medida, serían todo un caos.
Por el momento, el Laboratorio de Tiempo y Frecuencia del Cenamep calibra dispositivos de intervalos de tiempo como cronómetros y tacómetros.
"Esperamos contar en diciembre con dos nuevos equipos para distribuir por internet la hora oficial panameña y calibrar equipos de telecomunicaciones", sostiene Solís.
Ahora el ingeniero desarrolla programas de automatización para que los equipos del Laboratorio funcionen cada vez con más autonomía: "La intervención o la sola presencia del hombre altera a veces su funcionamiento", apunta.

