Su especie ha sido reducida numéricamente a un nivel crítico, o su hábitat ha experimentado una modificación considerable.
Así describe la ley de vida silvestre No. 24 de 7 de junio de 1995 las características propias de una especie en peligro de extinción.
En Panamá hay 436 especies de animales, entre mamíferos, anfibios y reptiles, que están en peligro de extinción, 357 más que las reportadas en la última lista publicada en la década de 1980.
El mono ardilla, el tigrillo moteado, la guacamaya roja están incluidos en la lista de especies amenazadas y en peligro de extinción.
En abril de este año se publicó en Gaceta Oficial una resolución en la que se reglamenta lo relativo a las especies de fauna y flora amenazadas y en peligro de extinción y se dictan otras disposiciones.
En esta resolución, Panamá se compromete a aceptar los criterios utilizados por la Unión Mundial para la Naturaleza y tomar en cuenta la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, y otras, para clasificar las especies, subespecies o poblaciones que se incluyan en el Listado de Especies Amenazadas.
A pesar de estos esfuerzos, en el país existen refugios para proteger animales que llegan lastimados por la mano del hombre o que son sacados de su hábitat natural para criarlos como mascotas.
En las tierras altas en Chiriquí, un extranjero, Paul Saban, que escogió a Panamá como su segunda residencia abrió un centro de refugio de animales para proteger, curar y alimentar a aquellas especies que llegan en malas condiciones o que son muy pequeñas para poder subsistir por sí solas.
Para evitar este tipo de situaciones la Autoridad Nacional del Ambiente fomenta el establecimiento de zoocriaderos.




