HERENCIA. PARTE DEL LEGADO INCLUYE LA HISTóRICA HACIENDA SANTA MóNICA, EN LA PROVINCIA DE COCLé.

Millonario deja su fortuna a los pobres

Millonario deja su fortuna a los pobres
Millonario deja su fortuna a los pobres

Wilson Lucom era un agrio.

Un millonario agrio que al morir sorprendió a propios y extraños: en su testamento entregó su fortuna a los niños pobres de Panamá. ¿La cifra del regalo? Unos 50 millones de dólares.

Pero el dinero de Lucom, quien falleció a los 88 años el 2 de junio de 2006, aún no alimentó a ningún niño con hambre. Una batalla legal congeló el testamento.

La viuda de Lucom, Hilda Piza (de 84 años y con una grave enfermedad), reclamó ante la justicia la anulación de la herencia. "Es mentira que Lucom le haya querido dar 50 millones a los pobres", aseguró Melinda de Morrice, hija de Hilda con su primer esposo, Gilberto Arias.

Según los hijos de la viuda –quien no tuvo descendencia con Lucom–, la ofrenda a los pobres es un invento de un grupo de amigos que busca quedarse con el dinero. Y, para ellos, el "cabecilla" de la banda es Richard Lehman, amigo y abogado de Lucom.

Los dardos contra Lehman –quien ejerce en Florida (Estados Unidos)– no son casuales: él fue designado albacea del testamento. "Desde el momento en que asumí esa responsabilidad, soy el único que ha tenido el poder para defender esta fortuna para los niños necesitados de Panamá", dijo.

"La familia Arias está tratando de anular el testamento para que todo el regalo hermoso para Panamá quede en manos de la familia", agregó.

FINCA HISTÓRICA

El dinero para financiar la ayuda social, según el testamento, saldrá de la venta de varias propiedades que tenía Lucom en Panamá y Estados Unidos. La más valiosa esconde parte de la historia de Panamá: hacienda Santa Mónica, de 2 mil 800 hectáreas.

La finca se extiende por la carretera Interamericana desde Río Hato hasta Juan Hombrón, en el distrito de Antón (Coclé). Lucom le compró la tierra a los Arias cuando se radicó en Panamá.

Según sus amigos, la familia Arias entregó la propiedad en hipoteca y el dinero de Lucom permitió que los bancos acreedores no se quedaran con la tierra.

En el testamento, Lucom no identificó las entidades benéficas que se encargarán de distribuir el dinero de la herencia. Solo pide que se busque "un área donde existan escuelas de niños que no tienen alimentos para su almuerzo y que carezcan de las necesidades usuales". La fortuna, por otro lado, será administrada por la Fundación Wilson Lucom Trust Fund.

Aparte de la hacienda Santa Mónica, son parte del fideicomiso las tierras que Lucom tenía en Palm Desert (California), Okkechobee (Florida) y otro apartamento en Panamá.

HISTORIA CON LOS GRINGOS

Lucom sabía dar golpes de efecto. Trabajó varios años en el Departamento de Estado estadounidense como asesor de Edward Stettinius, secretario de Estado de Franklin Roosevelt y su sucesor, Harry Truman. "Él participó en la conferencia de San Francisco de 1945 que creó Naciones Unidas", comentó un amigo, que prefirió el anonimato.

Por aquella época, la obsesión de Lucom no eran los niños pobres, sino el avance del comunismo en el mundo. "Era republicano, bien tirado hacia la derecha", reconoció otro amigo. Su odio hacia las ideas que lanzó al mundo Karl Marx lo llevó a financiar una publicación en español –Chile La Verdad– contra el presidente socialista de Chile, Salvador Allende. Y, en 1967, a organizar en Estados Unidos el Congreso Anticomunista.

Según uno de sus compañeros, Lucom le confesó que trabajó para la CIA.

CAMINO A LA FORTUNA

Chuck, como le decían sus conocidos, no nació millonario. Pero sabía moverse entre las personas de clase alta. "Él decía que para hacer dinero había que estar con gente de dinero", contó un viejo amigo. Y, para cumplir con su máxima, Lucom dejó en 1954 la fría burocracia de Washington y se trasladó a Palm Beach.

Entre dólares, se casó con Virginia Willys, hija del fundador de la marca Jeep. Locum no tuvo hijos con ella, pero adoptó como propia a una hija de su esposa: Isabel María Clark.

Tras la muerte de Virginia, Lucom conoció y luego se casó con Hilda Piza en 1982.

En 1995 Lucom dejó Palm Beach y se mudó al istmo, del que nunca más se fue. "Era un enamorado de Panamá", contó un conocido. Su semana la dividía entre comidas con sus amistades en el hotel Continental y las "panzadas" de guacho en el Mercado del Marisco.

Su único "pecado", quizá, haya sido promover la permanencia de Estados Unidos en Panamá: quería que se queden para controlar la seguridad del Canal. "Era un canalla, pero uno de los buenos", dijo un incondicional.

LA BATALLA FINAL

Lucom, según sus amigos, no se llevaba bien con los hijos de Hilda. Y por eso, arriesgan, no le dejó la fortuna a su esposa. Gilberto Arias lo negó: "Nosotros queríamos a Chuck [Lucom]", dijo en diálogo con este diario. Arias insiste en que detrás de la herencia a los pobres está la mano negra de Lehman. Dijo, entre otras cosas, que él se juramentó como albacea sin notificar a nadie.

El abogado de los Arias, Héctor Infante, presentó cinco denuncias en su contra. Según la familia de la viuda, Lehman gastó un millón de dólares de la herencia de Lucom sin autorización. Además, lo acusan de firmar un pagaré a su favor por 350 mil dólares y otros desfalcos más, todos relacionados con el legado.

LA DANZA DE LA FORTUNA

En otros terrenos, aparte del judicial, se enfrentó la familia de Hilda con Lehman. Según Gilberto Arias, el albacea y administrador del legado de Lucom le ofreció 10 millones de dólares para que desista de la demanda judicial contra el testamento. Incluso, Infante tiene en su poder una carta en la que Lehman se refiere a la fortuna como "un pastel tan grande que puede tomar en consideración el sentimiento y los derechos de todos".

Del otro lado del mostrador, el cuento es diferente. Lehman aseguró que le ofrecieron un soborno de 3 millones de dólares para que "vendiera" su obligación fiduciaria.

Casi un año antes de morir, Lucom compró su pasaje al paraíso sin pensar en la sordidez de la tierra. En junio de 2005 redactó su testamento y le entregó la mayor parte de su fortuna a los niños pobres. "Tengo una cuenta pendiente con Dios", le dijo por esa época a un amigo. Ahora, la Corte deberá decidir si ratifica el testamento, que ya ha sido validado por dos tribunales inferiores.

Recién ahí se sabrá el destino del dinero. Y si Lucom, al fin, salda su cuenta pendiente.

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