Así como las personas se aprenden su número de cédula, un sinnúmero de teléfonos y conocen su tipo de sangre, "deberían conocer su tipo de hemoglobina", reitera Pitágoras Ureña, tecnólogo médico de la Caja de Seguro Social.
El llamado de atención tiene una razón de peso: prevenir una enfermedad que se llama anemia falciforme y que según datos de esa entidad pública, registró 366 casos atendidos en el año 2005, y 229 en lo que va de 2006.
Pero lo más grave quizá está en el número de personas portadoras del gen de la anemia falciforme denominado AS y que no lo saben. "Se calcula que el 10% de la población panameña puede portarlo", afirma Rafael Aparicio, médico especialista en hematología de la Caja.
La gravedad de esta cifra radica en que los AS, que por lo general no presentan síntomas, pueden tener hijos falcémicos (de hemoglobina SS) si se reproducen con un portador equivalente.
¿Pero de qué se trata este mal? Aparicio aclara que esta enfermedad es congénita (de carácter hereditario) y que resulta de una alteración en la estructura de la hemoglobina.
Lo que sucede, agrega, es que los glóbulos rojos se deforman, adoptan formas de media luna, se tornan rígidos y por ello producen obstrucciones en la circulación.
Por eso llega menos oxígeno a los diferentes tejidos del organismo y los órganos empiezan a lesionarse. "Los pacientes presentan dolor en las extremidades, tórax y espalda, infecciones y daño crónico en los huesos y otros órganos", comenta el médico.
Una particularidad de la enfermedad es que los glóbulos rojos viven muy poco (entre 30 y 40 días) en relación con los normales (de 90 a 120 días), dice Elvira de Higuero, fundadora de la Asociación Panameña para la Prevención de la Anemia Falciforme.
La rápida destrucción de estas células produce anemia en el paciente y, por tanto, una constante palidez y debilidad.
Estas, más todas las manifestaciones que presentan los falcémicos cuando tienen crisis, son razones para conocer sobre la enfermedad: "Se requiere del apoyo de la familia, de la comprensión de maestros y compañeros", dice Higuero.
Las complicaciones
Además de las alteraciones que sufren los órganos del cuerpo a causa de este tipo de anemia, los pacientes pueden padecer de crisis.
La lista de causas por las que las personas entran en este estado son múltiples: infecciones, baños de agua fría, consumo de drogas y alcohol, exceso de ejercicio y baja concentración de oxígeno.
Estas crisis pueden ser de tipo vaso oclusivas, en las que se tapan los vasos arteriales; hemolítica, que destruye los eritrocitos y produce a su vez ictericia (color amarillo en piel y ojos) o de secuestro, que consiste en la retención de glóbulos rojos en el bazo y que se presenta más en los niños.
Las anteriores son solo algunas de las manifestaciones que se tratan de acuerdo con su causa y severidad, dice el médico Aparicio. Hidratación, manejo del dolor, transfusiones de glóbulos rojos y recambio sanguíneo son las principales opciones.
Por el momento no hay una cura como tal, sostiene el galeno. "Pero bajo un buen sistema de salud y una detección temprana de la enfermedad se mejora la calidad de vida de estos pacientes", expresa.
Según su experiencia, el tratamiento con penicilina en niños así como el uso de hidroxiurea en adultos ha dado buenos resultados.
¿Pero cómo prevenir este mal descrito desde hace casi un siglo? Higuero, Aparicio y Ureña coinciden en que la alternativa está en la electrofóresis.
Suena complejo, pero en realidad es un examen de sangre que indica el tipo de hemoglobina. "Esto es lo que buscamos que todas las personas conozcan. Y si no lo saben, que se lo practiquen", insiste Higuero.
(Vea INNOVA: Veinticinco años educando sobre la enfermedad)
