Oscar Valdéz* estaba enamorado. Tanto, que se tatuó el nombre de su "amorcito" en la espalda, y no precisamente pequeño. Tres años después, el castillo se vino abajo, el amor se murió y el tatuaje quedó. Ahora, Oscar no soporta ni verse al espejo, así que ha decidido quitarse el "capricho".
A Ramiro Rodríguez* le tocó hacer lo mismo, pero no por amor. Lo de él fue por rebeldía: a los 16 años se metió a una pandilla en la que todos "tenían" que tatuarse una gran serpiente en el brazo. Como el mundo da muchas vueltas, ahora, 13 años después, un trabajo en la Policía Nacional lo espera, pero sin tatuaje.
Generalmente, las personas que acuden al médico para quitarse un tatuaje –sí, al médico, porque los que los ponen no son los que los quitan– lo hacen para olvidar una etapa de su vida o porque aplicaron para un trabajo en el que los tatuajes están prohibidos. Así lo explica el dermatólogo Reynaldo Arosemena.
Procedimientos dolorosos
Hay varias maneras de quitar un tatuaje. Eso depende de la localización del tatuaje, su tamaño y antigüedad. Arosemena aplica tres procedimientos: eliminación quirúrgica, abrasión salina y láser.
La eliminación quirúrgica consiste en cortar la piel tatuada. Mediante la abrasión salina se lija con sal la imagen, y lo mismo se puede hacer con láser. En todos los casos duele, y no lo cubre el seguro médico.
El procedimiento es "traumático" y no en todos los casos queda bien, explica Arosemena. Siempre queda una cicatriz. "La piel nunca vuelve a ser la de antes". El asunto se puede complicar con los efectos secundarios: hiperpigmentación (la zona queda más oscura que el resto de la piel) o hipopigmentación (la zona queda más clara que el resto de la piel). La zona también se puede infectar y por eso el cuidado es importante. El área debe mantenerse limpia, no frotarla ni arrancarse las costras.
Un capricho costoso
Tatuarse no es barato. Jimmy Jones, de Jim Studio, cobra por pulgada cuadrada. "Si son tribales o negros y grises, cada pulgada está en 13 dólares. Si es a colores, la pulgada cuadrada está en 15 dólares".
Pero destatuarse sale más caro y no se trata de una sola cita. En el Santo Tomás, por ejemplo, cobran 50 dólares por sesión. En clínicas privadas, la sesión está por los 300 dólares. "Son de seis a 10 sesiones", explica Arosemena.
Junito, de Tattoo Evolution, ofrece otra solución que, aunque no elimina el tatuaje, lo maquilla. El proceso se llama cover up, y consiste en camuflar el tatuaje. Un nombre, por ejemplo, se disfraza con otro tatuaje con el que se haga imposible leerlo. Si es el tatuaje entero lo que se quiere tapar, se cubren los colores claros con tonos más oscuros y se hace un nuevo tatuaje.
Por internet se vende Dermasal, un producto que promete eliminar los tatuajes "mágicamente", sin dolor y sin cicatrices. Arosemena no lo recomienda. "Eso es cuento", dice.
Lo cierto es que es un dolor de cabeza quitarse un tatuaje. Quizá por eso algunos prefieren la henna hindú, que usualmente dura de 10 a 15 días y es totalmente removible.

