Las historias eran escalofriantes y en las paredes del Centro de Salud de Curundú están las huellas de la violencia que mantiene aterrado al personal médico y administrativo.
En el salón de conferencias del centro de salud se respiraba un ambiente de desesperación, pero al mismo tiempo de optimismo por seguir prestando el servicio que había sido suspendido hasta tanto las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) se apersonaran.
El problema es viejo; sin embargo, el pasado viernes pasó lo que todos temían: que la violencia de grupos pandilleros del sector terminara por herir de bala a funcionarios o usuarios del centro de salud. Hasta ahora las balaceras solo habían tocado las estructuras del centro de salud y los vidrios de los autos de los médicos.
Pero este viernes, al mediodía, Osiris Snock, secretaria de la Dirección del centro, y Xenia Acosta, una paciente, resultaron heridas al quedar en medio de un fuego cruzado de pandillas.
Ese mismo día, el carro del ginecólogo Rodolfo Yee resultó impactado de bala.
"Lo que pasó el fin de semana ha sido la gota de agua que derramó el vaso", dijo un médico de apellido Gallardo.
Él, como el resto del personal de salud y administrativo, explicaba a la viceministra de Salud, Dora Jara, la difícil situación que enfrentan al trabajar en Curundú.
Eso sí, todos coincidían en que hay que buscarle una solución a la inseguridad del sector. "Para mí es fácil pedir mi traslado a otro centro más seguro, pero con eso no se resuelve el problema, y el que viene a ocupar mi puesto sufrirá también", manifestó Gallardo.
La odontóloga Xiomara de Armijo tiene poco más de 20 años de trabajar en el centro y también ha sufrido las consecuencias. En 2002 su carro también fue impactado de bala.
El director del Centro de Salud de Curundú, Víctor Castillo, sostuvo que los funcionarios reciben constantes intimidaciones. "Nos amenazan con pistola, cuchillo y verbalmente". Los funcionarios pidieron mayor presencia policial y construir un muro. A la petición también se suma la presidenta del Comité de Salud del corregimiento, Hercilda de Labrador.
La viceministra Jara se comprometió a convocar una reunión interinstitucional para buscar las posibles alternativas del problema. La primera es reforzar la vigilancia policial en el centro de salud. Así como construir un muro.
Otra de las alternativas que se planteó es la compra de un busito para trasladar al personal desde el centro de salud a lugares más seguros cuando se dirige a sus casas.
"Después de las 3:00 de la tarde se hace peligroso salir del sector", plantearon los funcionarios que no tienen carro.

