Eran las 9:00 de la mañana del día 23 de julio de 1924. Marta Lara, una mujer que acompañaba diariamente a su esposo, Jonás González, a su trabajo en las salinas de Aguadulce, había comenzado una inesperada labor de parto.
Era un día lluvioso, la brisa no cesaba y el ambiente pesado hacía difícil la situación para esta madre y su hijo que estaba por nacer.
"Los compañeros de trabajo de mi padre dijeron que ni mi madre ni yo pegábamos, y ya tengo 83 años de edad", expresó Liborio González.
González aseguró que nació, se crió y ha subsistido toda su vida de estas salinas. Confesó que, igual que su padre, ha realizado este duro trabajo por muchos años, por la necesidad de contar con un ingreso.
A su edad trabaja solo, mientras otros contratan ayudantes para la dura faena de extraer sal de los 100 tajos que les corresponden. Por lo general, él termina la faena en la mañana, algunos lo hacen en dos turnos, mañana y tarde.
LA FAENA
El día para Liborio –un hombre que a sus 83 años se ve fuerte y con deseos de trabajar– se inicia a las 3:00 a.m., cuando viaja en bicicleta desde el barrio El Coco hasta la salina para comenzar la faena.
Dijo que a esa hora de la madrugada hace las tareas que se puede, pues revisa los tajos (tinas construidas en la tierra, que están en medio de canales, que son alimentados con agua salobre, de donde se obtiene la sal) para luego comenzar la tarea diaria.
Señaló que este trabajo es difícil, porque se depende del sol y la brisa para completar el proceso y obtener la sal, de modo que siempre se expone a tener una labor pesada.
Uno de los aspectos importantes es el grado de salinidad del agua, señaló, pues si tiene de 18 a 20 grados podría extraerse la sal en cinco o siete días, mientras que si está entre 13 y 14 grados, aumentan considerablemente los días para que el producto esté listo, lo que disminuye la rentabilidad.
Los salineros comenzaron a preparar los tajos el 20 de enero y para los primeros días de marzo empezó la cosecha.
LAS GANANCIAS
La sal que produce Liborio González la compra la Cooperativa de Salineros de Servicios Múltiples Marín Campos R.L., a un costo de 35 centésimos de dólar el quintal. A partir de allí, empieza el procesamiento para hacerla apta al consumo humano.
González mencionó que en la cosecha del año 2007 recogió 2 mil 900 quintales de sal, lo que le representó en dinero mil 15 dólares.
Indicó que todos los tiempos no son iguales, ni son buenos, pues para este año ha cosechado 240 quintales.
BAJA ACTIVIDAD
Las salinas de Afuera y El Puente ya no funcionan, mientras El Carrón y Albina de Abajo lo hacen a su mínima capacidad. La Albina de Arriba es la más activa.
González aseguró que en una ocasión llegaron a ser hasta 147 salineros (cada uno con su parcela), pero que ahora muchos han dejado el oficio porque temen que no se les compre la sal y trabajen por nada.
