A 38 años del Viernes Negro: el día que la dictadura se quitó la máscara

A 38 años del Viernes Negro en Panamá, recordamos la brutal represión del 10 de julio de 1987 contra la marcha pacífica de la Cruzada Civilista. Más de 600 heridos y cientos de detenidos marcaron un punto de quiebre en la dictadura de Noriega.

A 38 años del Viernes Negro: el día que la dictadura se quitó la máscara
Esta es una de las fotografías que muestran lo vivido aquel 'Viernes Negro', el 10 de julio de 1987. Foto: Corprensa/Archivo

Lo que comenzó como una manifestación pacífica convocada por la Cruzada Civilista Nacional, un movimiento que había emergido luego de las explosivas revelaciones del coronel retirado Roberto Díaz Herrera sobre el fraude electoral de 1984, terminó en una jornada de violencia desmedida y represión por parte del régimen militar de Manuel Antonio Noriega.

Ese viernes 10 de julio de 1987, la protesta, denominada “Gran Marcha Blanca”, se congregó en la Iglesia del Carmen, en la Vía España. Hombres y mujeres de distintas edades agitaban pañuelos blancos como símbolo de paz. Eran profesionales, obreros y estudiantes que e trasladaron al sitio pese a la prohibición oficial de realizar manifestaciones públicas.

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Sin embargo, la marcha nunca avanzó. Los temidos agentes antimotines, conocidos como en la época como los “Dobermans”, emboscaron a los manifestantes con gases lacrimógenos, perdigones, golpes y arrestos masivos. Algunos lograron ingresar hasta la misma iglesia, donde dispersaron con brutalidad a la congregación.

El saldo fue trágico. Según cifras publicadas por La Prensa y documentos como Panamá Protesta de Brittmarie Janson, cerca de 600 heridos, aunque algunos estiman 1 ,000, incluyendo a 150 por perdigones, y entre 630 y 700 detenidos fueron reportados. De estos, más de 275 mujeres fueron llevadas al cuartel de Caballería, en Panamá Viejo. Además se reportó que numerosos manifestantes sufrieron torturas, insultos, abusos sexuales y tratos degradantes en la Cárcel Modelo y otros recintos.

El gobierno suspendió las garantías constitucionales, decretó un toque de queda y provocó apagones informativos. El efecto en la sociedad fue contrario a la intención oficial: lejos de intimidar, el incidente fortaleció el espíritu opositor y se convirtió en un punto de inflexión hacia el fin de la dictadura de Manuel Antonio Noriega.

“Muchos panameños cumplimos con nuestra patria y eso es un bálsamo para las heridas físicas y morales dejadas por la represión de la dictadura”, escribió en X Aurelio Barría, uno de los fundadores de la Cruzada Civilista.

“Prohibido Olvidar”, escribió el asesor presidencial Miguel Antonio Bernal.

Este jueves 10 de julio de 2025, cuando se cumplen 38 años del Viernes Negro, Panamá es gobernada por José Raúl Mulino, quien en 1987 formó parte de la Cruzada Civilista. Hoy, el país enfrenta importantes desafíos, sociales, económicos y políticos, que reavivan el debate sobre la democracia por la que tantos arriesgaron entonces.

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