Los Andes, 1972. Un avión chárter con 45 pasajeros transportaba jugadores de rugby uruguayos hacia Chile que iban a jugar un par de partidos.
En el medio tuvieron un pequeño inconveniente: el avión en el que viajaban se precipitó a tierra quedando semidestruido entre los picos nevados que separan Argentina de Chile. Doce murieron en la caída y el resto sobrevivió como pudo aunque otros fueron muriendo por heridas del accidente o por congelamiento y enfermedades propias de la situación. Los que quedaron vivos se las ingeniaron para sobrevivir en un lugar donde la vida no es posible.
Sufrieron avalanchas, enfermedades, tuvieron que comerse a sus amigos muertos. Finalmente regresaron a casa. Más allá de estos hechos tan reales y cinematográficos, la historia humana está llena de sobrevivientes: a los campos nazis, a las garras de Stalin, a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagazaki, hoy mismo, los libaneses que sobrevivieron a los bombardeos israelíes. Sobrevivir es el mayor mandate de la vida. Suerte.
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