La producción y extracción de sal realizadas por los indígenas de Aguadulce motivó a los españoles establecidos en Natá de Los Caballeros a trasladarse a estas tierras para continuar esas labores.
Carlos González Bazán, en su obra Aguadulce, biografía de un pueblo ejemplar, narra que los marinos que se dedicaron a procesar la sal debieron utilizar un área cercana a las salinas para anclar sus embarcaciones, la cual pudo estar lejos de la actual ubicación del puerto.
En un sitio como el estero de Las Canoas o el estero de Cazón del Salado, que relata Andagoya en una de sus crónicas, “...los valientes indios, al perseguir a los invasores conquistadores hasta Natá, arrimaron sus canoas en ese sitio para luego seguir con la persecución hacia aquella población, sitio muy cercano a las salinas”.
El escritor aguadulceño también cuenta que el área de Banco Negro “fue paraje donde tocaban las embarcaciones y hacían escala las de gran calado”.
En 1878 se construyó un embarcadero por orden del jefe del Estado de aquella época. Pudo haber sido uno que existió en la desembocadura del río Pocrí, cerca del estero de Palo Blanco.
Seis años más tarde, con 400 pesos, se construyó un camellón en el camino que conduce hacia el actual puerto de Aguadulce.
Ya en 1903, se solicitó a la Asamblea Departamental la construcción y explotación de un muelle.
Las notas de Bazán revelan que en 1920, al muelle de madera se le hacen pilastras de concreto, se ilumina el puente de 18 metros y se rellena con piedras y cascajo.
Pero no fue sino hasta 1927, al elegir un nuevo sitio, cuando la empresa West Indian Oil Company levanta el nuevo puerto, durante la administración del presidente Rodolfo Chiari.
