Tras 115 años de la fundación del corregimiento de Pueblo Nuevo, se aprecian allí dos mundos. Uno lleno de necesidad y pobreza -con casas desgastadas y viejas; otro de bonanza, con grandes edificios y centros comerciales.
Algunos lugareños dicen que el corregimiento ya no es el mismo. Hace 70 años Pueblo Nuevo era un caserío de viviendas de madera, habitado por unas 500 personas, en su mayoría de origen afroantillano, donde se podía caminar por las diferentes calles sin temor de ser víctima de un asalto o una bala perdida, cuenta Elena Waldron, profesora jubilada.
Irenio Quintero, párroco de la iglesia María Auxiliadora, dijo que la mayoría de las personas del barrio son buenas y trabajadoras, sin embargo hay otras a las que quizás la pobreza las alejó de los buenos caminos y ahora están sumergidas en la violencia, el alcoholismo y la drogadicción. Quintero pidió a las autoridades apoyo para crear un centro de atención para personas alcohólicas.
Carlos Lee, representante del corregimiento, dice que dentro de cinco años este será un “Pueblo Nuevo Ideal”, con comercios y grandes industrias, por donde pasará el Metro. Dijo que hace siete años había 13 barracas, pero hoy solo quedan cuatro y sus habitantes reciben asistencia social, como bonos de comida y madera para reparar las vivienda, aunque corresponde al Gobierno central hacer un proyecto para renovarlas. Aseguró que en su corregimiento no hay pandillas y los casos de hurtos o robos son hechos aislados, regularmente cometidos por personas que llegan de otras partes de la capital.

