Carlos E. Ovandocovando@prensa.comLos mismos ideales. Desde que el primer ejemplar de La Prensa salió a la calle, a las 9:00 de la mañana del lunes 4 de agosto de 1980, su filosofía sigue siendo exactamente la misma que se señala en sus normas éticas: Buscar la verdad de forma permanente e irrenunciable.
Ese día nació oficialmente La Prensa. En un ambiente “de libertades democráticas restringidas”, como señalaron Bobby Eisenmann, Jr. y Herasto Reyes (q.e.p.d.) en su libro La Prensa de Panamá, la creación de un diario sin dueños, el periódico se transformó rápidamente en la voz de la oposición al régimen, en el referente obligado de todos aquellos que luchaban contra la dictadura. Habían transcurrido 12 años de régimen militar, no existía en el país otro medio escrito que no fueran los de apoyo al gobierno, y éste, con la necesidad de ratificar los tratados del Canal, tuvo que ceder a la presión del Congreso estadounidense y restituir algunas libertades, como la legalización de los partidos y una limitada libertad de expresión.
Después de 28 años, La Prensa sigue siendo ese referente, se ha consolidado como “el diario libre de Panamá”, y ha crecido en muchos sentidos. Los tiempos han cambiado...
Fernando Berguido, actual presidente de la empresa, dice que “La Prensa, creada como un medio de comunicación para defender el sistema democrático y la libertad de expresión, se ha ido transformando a lo largo de estos 28 años en una casa editorial que hoy edita los dos periódicos de mayor circulación nacional (La Prensa y Mi Diario); además de una versión diaria en inglés, sitios web, revistas especializadas y trabajos de imprenta comercial.
Su capital accionario atomizado y el respaldo que los panameños han dado a su independencia editorial han colocado a esta corporación en una situación única en el hemisferio, como dan cuenta varias prestigiosas universidades de periodismo que utilizan el caso panameño como uno de referencia en sus estudios académicos”. Sin duda, han cambiado los tiempos desde que Bobby Eisenmann dijera a la junta de accionistas, en 1991: “... Este informe anual es el primero en que solo tengo buenas noticias”.
La periodista Yasmina Reyes, editora de la sección de Mundo, retrocede su casete y recuerda: “Cuando llegué al salón de Redacción, hace 24 años, si bien había computadoras para escribir las notas, la información internacional y del interior aún llegaban en papel. La segunda, por correo postal o en encomienda; la primera, por teletipo –el ruido era indicio de que el mundo giraba, y cuando paraba era porque algo estaba mal–... peor que cuando sonaba la campanita para alertar de una ‘noticia importante’. Las fotos de eventos internacionales llegaban mediante el milagro de la radio. Una señal de radio se recibía y decodificaba en una máquina enorme (una gran caja azul) de la que emanaba el olor acre de los químicos que revelaban las imágenes ‘enviadas por el aire’. Sí, las cosas han cambiado... mucho”.
Adela Mendoza, la eterna Adela, actual relacionista pública de la empresa, con su positivismo característico dice que el orgullo de trabajar en esta corporación es cada día mayor para ella. “Un cliente me dijo un día: ‘Adela, he ido a dos despedidas tuyas en La Prensa. Es que me niego a irme”.
Lo cierto es que aunque los tiempos han cambiado, aparte de la filosofía hay cosas que tampoco cambian: los palos por estar bogando siguen llegando. Y aquella reflexión del primer presidente de la empresa no pierde vigencia: “La crítica periodística no tumba gobiernos; más bien, fortalece la democracia”.

