En materia de geopolítica, Panamá se ha puesto de moda y eso no es necesariamente positivo. El hecho de que el país cuente con el canal más importante del hemisferio occidental y sea una especie de cabeza de playa de los intereses de Estados Unidos en la región, cobra mucha importancia.
A principios de enero, el contralmirante Shahram Iraní afirmó que la marina de la República Islámica de Irán “estaría muy pronto” en el Canal de Panamá. Efectivamente, dos de los barcos más nuevos de las fuerzas armadas del régimen islámico, el Dena y el Makran, atracaron en el puerto de Río de Janeiro en Brasil, el pasado 28 de enero, y salieron el 30 de enero rumbo a Venezuela, desde donde se suponía partirían para cruzar el Canal de Panamá el pasado 7 de febrero. Los barcos llegaron efectivamente a Venezuela, pero no programaron cruce alguno por el canal.
Irán mantiene estrechas relaciones de cooperación con tres países de la región del Caribe: Cuba, Nicaragua y Venezuela. Es en este último país donde la presencia iraní es mayor y más significativa. Al anunciar tan públicamente que dos barcos de su armada vendrían a Panamá, queda claro que el régimen se sentía suficientemente capaz de proyectar poder naval muy cerca de Estados Unidos y de sus intereses en la región.
¿Para qué proyectar poder?
Irán puede perseguir dos objetivos en esta región. Los más obvios son respaldar a sus aliados y mantener “preocupado” a Estados Unidos. Aparte de lo anterior, Irán puede tener un tercer objetivo, que es el de crear una ruta marítima para suministrar sus productos y obtener mercancías que le están vedadas.
Recuérdese que Irán tiene embargo de Estados Unidos y de la Unión Europea, que afectan sus exportaciones de petróleo y otros productos. En el pasado, Irán le suministró gasolina y diésel al gobierno del dictador venezolano Nicolás Maduro. Es factible que se amplíe esta línea de negocios, por ejemplo, intercambiando derivados de petróleo con Cuba a cambio de azúcar. Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de que Nicaragua se convierta en una base para filtrar terroristas o espías entre el flujo de migrantes en camino a Estados Unidos. De esta forma se evita el control antiterrorista que se hace en Darién, por parte de autoridades panameñas y aliados estadounidenses.
Los propósitos geopolíticos de Irán no se desarrollan en un vacío. Irán, junto con China, Corea del Norte y Rusia, son países fundamentales en la oposición a la agenda de Estados Unidos y la Unión Europea en diversas partes del mundo. Irán se ha convertido en el primer proveedor de drones militares a Rusia, mientras que este país le ha transferido tecnología para el desarrollo de armas nucleares.
Detrás de los globos
El pasado 4 de febrero, un avión F22 de las fuerzas armadas estadounidenses destruyó un globo chino que volaba a más de 18 mil metros de altura, frente a las costas de Carolina del Sur. El hecho se dio una semana después de que el globo hubiese entrado al espacio aéreo de Estados Unidos. Al mismo tiempo que volaba este globo espía, como lo han calificado las autoridades estadounidenses, otro aparato aparentemente de igual condición sobrevoló Costa Rica y Colombia, el jueves 2 y el sábado 4 de febrero, respectivamente. Esto hace suponer que el viernes 3 pudo haber pasado por el espacio aéreo de Panamá.
En toda América Latina, no hay F22 ni nada que se le parezca, por lo que el globo voló tranquilamente, sin que se supiera más del artefacto una vez entró al espacio aéreo venezolano.
Aunque otros tres objetos, que se especulan son globos chinos, han sido destruidos por Estados Unidos recientemente, el globo que sobrevoló Centroamérica no lo fue, por lo que está disponible para nuevas misiones.
Esas misiones son el enigma de los globos chinos. Hasta que no se emita el dictamen técnico del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, entidad que analiza los restos del globo derribado en Carolina del Sur, no se puede saber con exactitud lo que hacía el globo Sin embargo, una suposición razonable hace pensar que estaba haciendo algo que los satélites espías no pueden hacer: medir las frecuencias electromagnéticas de radares y equipos de telecomunicaciones. El globo podría estar mapeando la mejor ruta para los misiles intercontinentales chinos o quizá estaría midiendo la capacidad de detección que tendrían los sistemas de defensa de Canadá y Estados Unidos.
China hizo los globos visibles con un solo propósito, para que fueran vistos e identificados. El mensaje de los militares chinos fue directo al Pentágono. La aparición de los globos de forma tan intensa puede ser un indicio de que China está por probar alguna nueva tecnología o sistema de armas, y necesita que su potencial enemigo entienda que puede alcanzarlo.
Sobre Centroamérica
El globo sobre Centroamérica manda otro mensaje. El gobierno de China se disculpó con Costa Rica por la irrupción del globo en el espacio aéreo de ese país centroamericano. Esto hace pensar que Costa Rica no era su objetivo. China tiene importantes intereses económicos, políticos y militares en la región. Por ejemplo, una parte importante de la flota pesquera china pesca en aguas del Pacífico, cerca de las aguas jurisdiccionales de Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador y Perú. A esta flota le ayudaría muchísimo tener información en tiempo real de las concentraciones de peces y de los flujos migratorios de especies sumamente atractivas como el atún.
Aunque la flota pesquera china tenga ingentes necesidades de información exacta, el globo espía es una herramienta demasiado poderosa para tales propósitos. Parecería más probable que China está analizando frecuencias electromagnéticas de radares, sistemas de microondas y otros, que posiblemente le digan cuál es la capacidad real de la marina en Estados Unidos de monitorear acciones chinas a una altura tan significativa. Este incidente también puede hacernos pensar en una repetición de los esfuerzos japoneses o alemanes de la Segunda Guerra Mundial, cuando se intentaba negar a Estados Unidos el pleno uso de su ventaja marítima en la región.
La tarea de Panamá
El hecho de que China e Irán vean a Panamá como parte de su estrategia geopolítica requiere una articulación de las capacidades panameñas para enfrentar esta realidad. Esto no significa que Panamá tiene que enfocarse en una respuesta militar a esta situación. Por el contrario, este desafío exige de los panameños una mayor institucionalidad en materia de nuestras relaciones exteriores, del servicio de inteligencia que tiene el Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional y la preparación de especialistas en estudios chinos y del Medio Oriente. No hay nada mejor que leer los discursos, informes y noticias de los propios países en su lengua original.
El otro elemento que debe conformar la respuesta panameña a este desafío geopolítico es la coherencia institucional.
La Autoridad Marítima de Panamá tiene que velar porque los navíos de bandera panameña no burlen el bloqueo a Irán (o a Rusia) y a la vez que el sistema de permisos de marinos tenga nivel de excelencia que impida que sea presa de la corrupción y otros intereses.
Similarmente, el Servicio Nacional de Migración necesita ser reforzado y la propia política de visados del Estado panameño requiere una modernización: es más fácil obtener una visa de residencia panameña si se deposita dinero en una cuenta de banco, que si se tiene un doctorado en alguna disciplina científica.
Las vulnerabilidades de Panamá se extienden en nuestras relaciones exteriores dominadas por improvisación, una inapropiada asignación de recursos humanos y financieros a las misiones diplomáticas panameñas, y un bajo interés de los responsables de la política exterior del país en replantearse el rol de Panamá en el siglo XXI.
China e Irán no han ratificado el tratado concerniente a la neutralidad permanente del Canal de Panamá. Aunque dicha ratificación no sea más que un compromiso simbólico, demostraría que Panamá es capaz de enfocarse en sus intereses nacionales frente a esas dos naciones. Eso no lo resolvería todo, pero sería un buen comienzo.

