A los primos Samuel Lewis Navarro y Juan Carlos Navarro los separan cuatro años de diferencia, pero tienen una meta en común: ser Presidente de la República.
Ambos políticos, que se niegan a confesar públicamente sus intenciones de ocupar el Palacio de las Garzas, podrían ser contrincantes en las primarias del Partido Revolucionario Democrático (PRD).
"Los dos son buenos candidatos. Juan Carlos es mucho más activo en la nación. Samuel tiene más roce internacional", dice el ex ministro de Desarrollo Agropecuario Laurentino Cortizo, el único aspirante oficial para correr por la Presidencia en el PRD.
El canciller, de 49 años, lleva la diplomacia en los genes. Es el quinto hombre en su familia en dirigir el Ministerio de Relaciones Exteriores y uno de los pocos que se atreve a llamar familiarmente Condi a su homóloga estadounidense, Condoleezza Rice, tal como lo hizo en la última asamblea de la Organización de Estados Americanos.
Pero al empresario, que se toma fotos con Benedicto XVI en la plaza de San Pedro y toma el té con George W. Bush en el Salón Oval, le falta el contacto directo con los electores que a su primo –el alcalde– le sobra.
Navarro, nombrado a finales de los 90 –en sus tiempos de director de Ancon– como uno de los 100 líderes jóvenes más prometedores del planeta para el próximo milenio, según la revista Time, es la clase de político que se le ve caminando junto a los devotos del Cristo Negro de Portobelo o bailando típico en San Felipe.
El alcalde, de 45 años de edad y con una maestría en Harvard, ha tratado de pulir su proyección internacional. Acompañó al presidente, Martín Torrijos, en su última visita a Washington en febrero, y la semana pasada viajó a Israel como invitado de ese Gobierno para reunirse con el primer ministro, Ehud Olmert.
Por su parte, Lewis Navarro trabaja en su imagen como político criollo. El canciller se pone de vez en cuando su sombrero de primer vicepresidente para adentrarse en San Miguelito, en giras poco publicitadas, acompañando del alcalde Héctor Carrasquilla, en las que aprovecha para practicar el choque de manos y la repartición de besos.
La experiencia diplomática de Lewis Navarro competirá con el capital populista de Navarro, si los primos llegan a formalizar la batalla política.

