Si uno tuviera que señalar la definición de la Asamblea en un test de escoger la mejor respuesta, probablemente elegiría algo así como “especie de mercado de pulgas donde se negocian privilegios, prebendas e intereses partidistas”. Con el perdón de las pulgas.
Para colmo de males, sus miembros son los únicos funcionarios que laboran de lunes a jueves, ocho meses al año. El resto del tiempo desaparecen en la cascada de asuetos (carnavales, Semana Santa, fiestas patrias, Halloween, Navidad, año nuevo…) o, como ocurre ahora, están “en receso”, sin que les descuenten un real por su inasistencia. Ahora que no hay sesiones ordinarias en el pleno (desde el 30 de abril pasado), las comisiones legislativas (que según el reglamento interno, sí deben laborar) se han acogido a un break y ni una se ha reunido, salvo la de Presupuesto, que lo ha hecho en 4 ocasiones (el 10, 17 y 24 de mayo y el 14 de junio), para aprobar traslados de partida y créditos adicionales. Es decir, para discutir sobre el manejo de la plata. Pero esa ausencia no implica que están cruzados de brazos o tumbados en una playa. La mayoría anda haciendo política, inmersos en los procesos internos de sus respectivos colectivos, o atendiendo sus oscuros intereses. Y fíjense lo que está pasando.
Como Crispiano Adames todavía anda molesto con Gaby Carrizo, se ha mantenido alejado del CEN del PRD (organismo al cual él pertenece, como primer vicepresidente). Esta rebeldía ha dado como resultado que el PRD no tenga asegurados los 36 votos para elegir a Jaime Vargas y Ricardo Torres como presidente y primer vicepresidente de la Asamblea, a partir del 1 de julio. Como todavía hay al menos 7 diputados que se mantienen fieles a Crispiano, ni sumando a los 5 pavipollos del Molirena es suficiente. En ese contexto de intereses, ha cambiado el valor relativo de muchos diputados y hasta de bancadas completas. Y entre más pequeño es el grupo, es más importante ese fenómeno. Por ejemplo, la bancada independiente tiene 4 votos que ahora pueden mover el balance de cualquier elección. De cerca le siguen los panameñistas, con el doble de votos. Y luego está Yanibel y la bancada rebelde de CD. Ahí son 15 votos y, a cambio de ese apoyo al PRD, ella presuntamente estaría negociando dos cosas. Una sería la postulación del rey consorte de Capira a alcalde del distrito de Panamá por el partido gobernante. Seguramente ahí se sale con la suya, porque cada vez es menos probable que el PRD postule a la reelección a José Luis Fábrega, aunque tienen que agradecerle que la embotelladora que ha montado en la alcaldía les cae de maravilla como cuartel de invierno después del 1 de julio de 2024. Lo otro que querría Yanibel es la presidencia de la Comisión de Credenciales. ¿Para qué? ¿Para crear un pelotón de fusilamiento para intimidar a los magistrados de la Corte Suprema? Como a estas alturas no es para juzgar a Nito (porque él se va solito en un año), no hay que ser un genio para saber cuál es el caso que les interesa cuando llegue a la Corte. Y ni siquiera necesitan ganar ese caso, sino simplemente demorarlo para que sea fallado después del 5 de mayo.
Esta claro que esta gente se mueve como si fuera una organización criminal. Solo les falta especializarse en quebrar piernas, quemar propiedades, meter a sus objetivos en un maletero... no hablemos de robar, porque quizá la lista sería larga y esta columna tiene un espacio limitado.
