Vivian Fernández de Torrijos, primera dama de la República, explicó que no solo en las regiones fronterizas del Darién y Costa Rica, sino en la comarca Ngöbe-Buglé existe una gran cantidad de niños que no son registrados a la hora del nacimiento.
Según ella, una gran porción de esos niños viene al mundo en partos atendidos por comadronas o parteras empíricas, en condiciones inadecuadas, y luego no son inscritos por sus padres en el registro civil, como corresponde.
Niños que no existen
Al acercarse la época escolar —afirma la Primera Dama— es cuando sus familiares se apresuran a registrarlos, con los consiguientes problemas. Durante todo ese tiempo, dijo, esos niños no tienen nombre ni apellido, no existen y no pueden participar de los servicios de salud, educación y otros.
Frente a esta situación, su despacho iniciará en febrero el proyecto "Buen comienzo para la vida", el cual será ejecutado por la Organización de Naciones Unidas para el Cuidado de la Infancia e instituciones del Estado, entre ellas el Tribunal Electoral.
Beneficios
El interés de la funcionaria es el de propiciar que las madres en condiciones económicas difíciles puedan acercarse al hospital regional o al centro de salud más cercano a dar a luz sus hijos.
Además, capacitar a las parteras empíricas en el registro del menor, lo que permitirá que más niños y niñas sean inscritos en el registro civil, además de darles un seguimiento en programas de salud.
Un incentivo para estas madres será el obsequio de una canastilla con los implementos esenciales para la atención del recién nacido. Esto propiciará que concurran a alumbrar al centro u hospital más cercano y, por ende, registren a sus hijos.
Una de las tareas acometidas por la Defensoría del Pueblo fue la de facilitar que esos infantes adquirieran una identidad y se incorporaran a la vida nacional. Caso muy conocido es el de los "chiriticos", los niños indígenas de Chiriquí que nacen en hospitales costarricenses y que se estima suman más de 15 mil sin registro.
Entre 1998 y 2000, unos 20 mil 11 niños fueron inscritos por sus madres; 3 mil 335 solo llevaron el apellido de sus madres. Del total, 10 mil 653 fueron reconocidos por voluntad de sus padres. El resto, 12 mil 693, se quedó sin reconocimiento ni apellido paterno.

