La crisis del agua potable en la península de Azuero, específicamente en las provincias de Herrera y Los Santos, ha dejado de ser un problema silencioso para convertirse en un reclamo abierto.
Así lo sostiene el empresario y residente de Chitré, provincia de Herrera, Jorge Anel Samaniego, quien advierte que la situación no afecta únicamente a un distrito en particular, sino a toda la región. “El problema que tenemos no es solamente de una ciudad o de un distrito; es de toda la península de Azuero”, afirmó.
Samaniego recordó que, desde hace unos diez meses, la contaminación del río La Villa —principal fuente de abastecimiento— dejó de ser un “secreto a voces”. “El río tiene el agua contaminada y no es mentira”, subrayó Samaniego quien dijo que en el caso de Chitré hay zonas donde ni siquiera está llegando el agua.

Según explicó, en la cuenca se vierten agroquímicos y desechos de procesos agropecuarios; además, se utiliza el recurso para riego. También señaló prácticas inadecuadas en actividades ganaderas que, por reducir costos, omiten tratamientos adecuados de los residuos. “Todo eso termina pasándonos factura a los ciudadanos”, cuestionó. Actualmente en Chitré se llevan a cabo protestas pacíficas.
Degradación ambiental
El empresario advirtió que la degradación ambiental también responde a la falta de reforestación y al incumplimiento de normas básicas de manejo. “No hay problema con que usted sea ganadero o productor, pero tiene que cumplir protocolos de limpieza y tratamiento. No se puede simplemente abrir una compuerta y dejar que todo vaya al río”, expresó.
A su juicio, la ausencia de controles efectivos y de fiscalización ha permitido que la contaminación se prolongue más de lo debido, profundizando una crisis que impacta directamente en el acceso al agua potable.
Frente a este escenario, Samaniego asegura que la población ha agotado su paciencia. “La población está harta”, dijo, al referirse a la organización de caminatas y manifestaciones pacíficas en Chitré.
Recordó que, cuando iniciaron las protestas, la respuesta que recibieron fue que debían “seguir aguantando y seguir sacrificándose”. “No sé a qué nivel de sacrificio quieren que lleguemos”, cuestionó.
El diagnóstico
Esta crisis del agua potable ha puesto bajo presión a las autoridades del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan). La directora regional en Herrera, Yauruslasis Ibarra, reconoció en el programa radial 180 Minutos que el problema no es reciente y que responde a una deuda histórica en infraestructura.

“Chitré era una pequeña bomba de tiempo en cuanto a producción de agua potable”, afirmó, al explicar que el crecimiento poblacional —que ronda entre 60.000 y 70.000 habitantes— superó hace años la capacidad de una planta diseñada en la década de 1970.
En cuanto a la situación actual, Ibarra sostuvo que el sistema muestra signos de recuperación, aunque todavía no puede certificarse el agua como apta para el consumo humano. “Tenemos una recuperación de la red de entre 92% y 95% de los puntos del acueducto con agua potable”, detalló.
No obstante, aclaró que persisten bajas presiones en sectores altos y críticos, y que el proceso de desinfección de la red aún no concluye. “Todavía nos mantenemos con un agua no apta para consumo humano”, insistió, y subrayó que la certificación final dependerá de los análisis del Ministerio de Salud.
El déficit estructural es evidente en las cifras. La demanda actual oscila entre 9,5 y 10 millones de galones diarios, mientras que la producción en verano apenas alcanza entre 6 y 6,4 millones. En invierno, cuando aumentan las turbiedades del río, puede descender a 5,7 millones.
“Tenemos un déficit grande de producción de alrededor de cuatro millones de galones diarios”, admitió. Aunque las pérdidas por roturas no son significativas —con un 90% de atención en menos de 24 horas—, el envejecimiento del sistema complica la operación. “Hemos encontrado válvulas de 1962 y 1963 ya inoperativas”, reveló.
La contaminación
Sobre la contaminación del río La Villa, principal fuente de abastecimiento, la funcionaria explicó que la pérdida del bosque de galería y la escorrentía han incrementado la turbiedad, creando un “caldo de cultivo” para microorganismos.
“La turbiedad es el alimento de la contaminación microbiológica”, precisó. Indicó que, aunque se han detectado metales pesados en niveles normales para cuerpos de agua, el principal reto ha sido la presencia de microorganismos que exceden la capacidad de tratamiento de la planta actual.
Ante la cercanía de la temporada lluviosa, el Idaan ha implementado un sistema de alerta temprana. Ibarra explicó que se instaló una sonda multiparamétrica en la parte media del río para anticipar variaciones en la calidad del agua antes de que llegue a la toma. “Eso nos permitirá conocer los niveles de turbiedad y pH para tomar acciones inmediatas”, señaló.
En materia de distribución, la directora descartó una sectorización formal, aunque reconoció que el déficit impide garantizar un suministro continuo a toda la población. “Tenemos un 95% de la población con agua en la red, pero no es un servicio 24/7 en todos los sectores”, explicó. Entre 45% y 50% del acueducto mantiene servicio permanente, mientras que en zonas críticas se han perforado nuevos pozos para reforzar la oferta.

