Treinta y nueve años después de que miles de panameños salieran a las calles para desafiar a la dictadura militar, varios de los protagonistas de aquella gesta ciudadana coinciden en que Panamá conserva las libertades que ayudaron a conquistar, pero no ha logrado construir instituciones capaces de protegerlas plenamente.
Esa fue una de las conclusiones que dejó un conversatorio a propósito de otro aniversario de la Cruzada Civilista Nacional, el movimiento ciudadano que se convirtió en el principal rostro de la resistencia contra el régimen militar durante los últimos años de la dictadura.
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El panel que se desarrolló luego de la presentación del documental La Cruzada Civilista por la Justicia, Libertad y Democracia, reunió a Lina Vega, presidenta de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, y a los fundadores de la Cruzada Civilista Aurelio Barría, Gilbert Mallol y Manuel Cambra. Rita Vásquez, de la junta directiva de La Prensa, fungió como moderadora.
La pregunta que abrió el diálogo fue la siguiente: por qué la movilización ciudadana que caracterizó a finales de la década de 1980 parece hoy más distante en una sociedad que, pese a ser más crítica e informada, participa menos en organizaciones cívicas.

Antes de responder, Lina Vega recordó a una figura que dijo, fue fundamental para preservar la memoria del movimiento, el empresario Carlos Valencia, a quien le preparó su biografía, publicación que recopiló testimonios y documentos sobre aquel periodo.

Vega recordó además que cuando surgió la Cruzada Civilista ella estudiaba en España. Desde Europa participó en redes de apoyo a exiliados panameños y siguió con atención los acontecimientos que llegaban por fax desde Panamá. “Cuando llegaba esa información desde Panamá con lo que estaba pasando era realmente emocionante”, afirmó.

Para Gilbert Mallol, intentar comparar a los ciudadanos de 1987 con los de 2026 puede conducir a conclusiones equivocadas porque las circunstancias históricas son radicalmente distintas.

“Las circunstancias hacen no solo a las acciones sino también a las personas y a los hechos”, afirmó. A su juicio, la movilización que dio origen a la Cruzada Civilista respondió a una realidad excepcional: una dictadura de 21 años que había restringido libertades fundamentales, eliminado garantías democráticas y concentrado el poder político y militar.
Mallol insistió en que la cruzada no surgió de manera espontánea ni aislada. La describió como la culminación de numerosos movimientos y esfuerzos ciudadanos que durante años resistieron al régimen militar. También rechazó la idea de que las nuevas generaciones carezcan del compromiso cívico que mostraron quienes protagonizaron aquellas protestas.
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“Yo no creo que la juventud de hoy día sea diferente a la juventud de antes”, afirmó. “Si se dieran hechos semejantes, esa misma juventud de hoy día saldrá y defenderá el país”, añadió.
‘Yo estoy frustrado’
Sin embargo, la conversación tomó un tono más crítico cuando Manuel Cambra abordó el estado actual de la política nacional. El exdirigente civilista confesó sentirse profundamente decepcionado con el rumbo que ha seguido el país desde la recuperación de la democracia.

“Yo estoy frustrado, políticamente frustrado”, dijo. “Mi frustración llegó a tal punto que después de 35 años de formar un partido político, en abril del año pasado renuncié”, manifestó. No mencionó a qué agrupación política se refería.
Cambra atribuyó parte de ese desencanto a la brecha entre los discursos políticos y las actuaciones reales de quienes llegan al poder. A su juicio, las redes sociales han acelerado el desgaste de muchos liderazgos al exponer contradicciones, promesas incumplidas y comportamientos que erosionan la confianza ciudadana.
“A veces justa, a veces injustamente. Muchos que se perfilaban como grandes dirigentes han quedado siendo unos charlatanes”, sustentó.

La justicia, un fracaso
Su crítica se concentró especialmente en el sistema de justicia, al que describió como uno de los principales fracasos de la democracia panameña. “La justicia que nosotros estamos viendo ha fracasado completamente”, manifestó.
Según Cambra, la percepción de impunidad para los delitos cometidos por personas con poder económico o político ha debilitado la credibilidad institucional y alimentado la frustración ciudadana.

Aurelio Barría coincidió en que la democracia panameña enfrenta desafíos que no pueden ignorarse. Aunque destacó que el país mantiene libertades fundamentales y procesos electorales competitivos, advirtió que la tarea de consolidar esas conquistas sigue inconclusa.
“Hemos heredado una democracia débil, una democracia que todavía tenemos que mantener y rescatar”, afirmó.
Además habló de la importancia de transmitir el legado. “Tenemos la responsabilidad de llevar este mensaje a la juventud, porque la gran mayoría desconoce los detalles y cómo surgió” el movimiento.
“Estos valores tienen que cultivarse, tienen que regarse, tienen que mantenerse como un árbol”, dijo Barría. “Porque si no, se pierde”.

Antes del conversatorio, Jorge Molina Mendoza, presidente de Corprensa, saludó al público con un discurso en el que destacó el papel de la ciudadanía organizada en la recuperación de la democracia y la necesidad de defender las libertades conquistadas hace casi cuatro décadas.
“La democracia exige cuidado constante y participación activa”, sentenció.

