ALTERNATIVAS FRENTE A LA DISCAPACIDAD.

Del colegio al mundo laboral

Del colegio al mundo laboral
Del colegio al mundo laboral

La forma más efectiva de cerrar la brecha entre la educación y el trabajo es a través de centros de transición laboral, especialmente si las personas reflejan algún tipo de discapacidad.

Las Industrias Panameñas de Buena Voluntad (IPBV) son un ejemplo de lo anterior, o al menos una iniciativa en ese sentido, como dice su directora ejecutiva, Sheyla Sánchez Lay.

A estos talleres, que se basan en modelos recomendados por la Organización Internacional del Trabajo, no solo llegan jóvenes y adultos con algún tipo de discapacidad física o problemas de aprendizaje. También acuden quienes no han concluido su educación formal o especial.

A todas estas personas se les evalúa su capacidad psicológica y funcional, así como su nivel educativo, y en base al interés del individuo, quien elige la profesión que desea estudiar, se le determina la aptitud para desarrollar ciertos trabajos.

Los talleres de IPBV son de formación-producción. Se les capacita para el trabajo y adquieren nuevos hábitos que se requieren para el mercado laboral: disciplina, respeto a la autoridad, criterios de calidad y productividad.

Dentro del taller

Anayansi de Turner, jefa de Promoción, explica que un chico con discapacidad que ingresa al taller-escuela de IPBV debe cumplir cuatro etapas: observación, orientación, formación y producción. Quienes superan estos pasos, son recomendados para la práctica laboral en empresas industriales.

El taller de metal-mecánica, por ejemplo, en su primera etapa los prepara en la reparación de bicicletas, luego aprenden hojalatería, siguen con forja y herrería y, al final, aprenden a construir y mantener sillas de ruedas.

En caso de rezagarse algún estudiante, la Ley 42 de 1999 establece que permanezca en un taller protegido (taller transitorio), donde recibirá un subsidio equivalente al 40% del salario mínimo.

El taller de metal-mecánica ofrece puertas de hierro forjado, ventiladores industriales, verjas y cercas. Además, las empresas comerciales pueden contratar el servicio de empaque plastificado de mercancía que realizan los jóvenes y que les significa buenos ingresos.

Otros servicios incluyen plomería domiciliaria, soldadura, cursos de informática, de jardinería, comida criolla y rápida.

Egresados

En los 25 años que tiene de fundada, IPBV han dejado su impronta en estudiantes que llegaron con grandes discapacidades y lograron insertarse en el mercado laboral.

Judith, bachiller en comercio, sufre de osteogénesis y ahora labora en una empresa de correo privado; Fidel, quien llegó sin una de sus piernas, aprendió cocina y ahora está en un gran restaurante chino.

Otra de las jóvenes capacitadas en la institución es Vilma, poliomielítica y debilucha, quien logró superar su deficiencia y fue contratada en un laboratorio de medicamentos. Ahora labora en el Centro de Rehabilitación de Impedidos.

Por su parte, Ezequiel, quien nació con una parálisis, se entrenó en computadoras y ahora trabaja en un club social privado, al igual que Ricardo, quien es hemipléjico pero ello no le impide laborar en una empresa de telecomunicaciones.

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