A 10 aumentaría el número de víctimas del supuesto asesino en serie Wild Bill, quien llegó ayer al país tras ser entregado por la autoridades nicaragüenses, que lo capturaron el pasado lunes cuando intentaba escapar a través del río San Juan, fronterizo con Costa Rica.
La información fue revelada ayer por el fiscal auxiliar, Ángel Calderón, en una conferencia de prensa posterior a la llegada de William Cortez –quien ahora dice llamarse William Dathan Holbert– y su esposa Jeana Seana, a la sede de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), donde dormirían anoche.
Calderón dijo que tras la detención de la pareja en Nicaragua, pobladores de diferentes islas de Bocas del Toro se han acercado a las autoridades y han empezado a hablar. Fue así como se enteraron de la desaparición, hace casi un año, de tres personas de la etnia Ngäbe Buglé.
Estos indígenas eran dueños de una serie de propiedades en islas cercanas a Isla Colón y, supuestamente, Cortez se interesó por ellas, luego de lo cual los tres hombres desaparecieron.
Los tres nuevos desaparecidos se suman a otros dos ngäbes buglés que trabajaban para Cortez en su hostal de isla Cauchero, y quienes desaparecieron hace aproximadamente año y medio.
Con ellos totalizan cinco posibles víctimas panameñas y cinco extranjeras. Entre estas últimas figuran el estadounidense Mike Brown, su esposa y su hijo de 16 años, quienes desaparecieron entre noviembre y diciembre de 2007 y serían las primeras víctimas de Wild Bill tras su llegada al país. No se han encontrado los cuerpos de la familia Brown.
Además, están los estadounidenses Bo Icelar y Cheryl Hughes, cuyos cadáveres fueron desenterrados del patio del hostal, ambos con disparos en la cabeza, según confirmó ayer a este diario el director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Humberto Mas.
Icelar estaba desaparecido desde noviembre de 2009 y Hughes desde marzo de 2010, de acuerdo con información confirmada al Ministerio Público por familiares de ambas víctimas.
Otras informaciones manejadas por las autoridades dan cuenta de que las propiedades que tiene Cortez en Panamá, unas cuatro fincas y por lo menos 11 terrenos, todos situados entre Bocas del Toro y Chiriquí, anteriormente pertenecieron a la familia Brown, a Hudges y a Icelar.



