Que las sodas no son nada nutritivas es cuento viejo. A pesar de ello, esta bebida –con elevadas calorías– acompaña en su diario vivir al panameño: mientras labora, en sus comidas y en casa, es un producto que no falta en el refrigerador.
Esta conducta alimenticia ya se ha vuelto un problema de salud pública, informa la jefa del Departamento de Nutrición del Ministerio de Salud, Odalis Sinisterra, quien afirma que la mayoría de la población panameña prefiere consumir gaseosas en vez de elegir jugos naturales.
Dentro de la pirámide alimenticia, las bebidas gaseosas no existen, y no son recomendadas como parte de la dieta, simplemente porque “solo proporcionan calorías vacías, contienen colorantes y carbonatos, que impiden la absorción del calcio”, apunta Sinisterra.
Un vaso de ocho onzas tiene 115 calorías, 29 gramos de carbohidratos y 30 mg de sodio. Debido al alto porcentaje de calorías que contiene una soda regular, muchas personas prefieren beber gaseosas “sin calorías” y que son elaboradas con edulcorantes artificiales como aspartame, acesulfame K (o acesulfame potásico) y sucralosa; estos son los que están presentes en la mayoría de las bebidas con gas que se comercializan en Panamá.
Aunque aspartame, acesulfame potásico, sucralosa, neotame y sacarina están aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), el organismo de algunas personas rechaza el sabor y compuesto de las sodas light. “Dejé de tomarlas porque me producían angustia estomacal, náuseas, debilidad, fatiga, y la sensación se prolongaba por horas”, dice Maricruz Morales.
La nutricionista dietista Fanny de Cardoze aclara que algunas personas sí reaccionan a algún compuesto que tiene la gaseosa, pero que esto no ocurre en todos los individuos.

