La presentación del presupuesto de la Empresa de Generación Eléctrica S.A. (Egesa) ante la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional probablemente haya sido la más pesimista.
Su gerente, Vicente Prescott, describió a una empresa en quiebra, en números rojos y “débil” que, en 2015, aseguró, fue “degollada”. Desde ese año, contó a los diputados, perdió los ingresos que tenía, sus utilidades, sus activos circulantes y el efectivo en caja.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) les recomendó un presupuesto de $1.3 millones para operar en 2027, de los cuales $1.1 millones serán para funcionamiento y el resto, para inversión.

Las dietas y los directores
El debate se centró particularmente en las dietas que cobra la junta directiva. A raíz de una consulta de la diputada de la bancada Vamos Yamireliz Chong, el gerente de Egesa explicó que los miembros de la junta directiva de esta empresa estatal cobran $750 por cada reunión, es decir, $250 más que el tope de la mayoría de las juntas directivas, que es de $500.
Los cinco directores son Fausto Fernández, viceministro de Finanzas, quien funge como presidente; Julio Moltó, ministro de Comercio, quien ejerce como secretario; Adalberto García, del sindicato de trabajadores; Gilberto Arosemena, de la empresa privada; y, en representación de la Contraloría, Ventura Vega, quien recientemente fue nombrado ministro de Educación.
“Yo reduciría el 100% (de las dietas). Eso sería un ahorro para el Estado”, dijo la diputada Chong.
De acuerdo con Prescott, la junta directiva, aunque puede realizar hasta 12 sesiones, se reúne entre ocho y diez veces al año.
Entonces, la diputada Chong leyó un artículo de la Ley de Presupuesto que establece que las juntas directivas, asesoras y similares podrán tener hasta un máximo de $500 por reunión.
Pero el gerente de Etesa dijo que la empresa se rige por la Ley 6 de 1997.
Auge y caída de la empresa
Prescott contó que durante su “época de Oro” (2012-2014), Egesa operaba la planta térmica de Condado del Rey, manejaba una capacidad de más de 300 MW, facturaba cerca de $100 millones anuales y aportaba jugosos dividendos al Estado con una sólida planilla de 38 empleados.

Sin embargo, dijo, el panorama cambió drásticamente a partir de 2015.
“Deciden degollar a la empresa con todas las generaciones y los ingresos que tenía”, narró Prescot ante los comisionados.
Entre 2015 y 2017, explicó, Etesa “fue financieramente debilitada al registrar pérdidas por $37 millones”, según explicó por el pago de indemnizaciones y devolución de plantas.
Desde entonces, Egesa ha subsistido principalmente de sus ahorros y de la pequeña planta solar de Sarigua, la cual genera menos del 10% del gasto anual de la empresa y cuya tecnología de 14 años se encuentra deteriorada.

Al asumir la administración en julio de 2024, Prescot contó que se topó con “muy pocas herramientas para poder conseguir un punto de equilibrio”.
Ante la incapacidad de generar suficiente energía propia, la administración actual adoptó una estrategia comercial de reventa de energía (brokerage): comprar energía en el mercado para vendérsela a grandes clientes del Estado (como el Idaan, Tocumen y la CSS) con ahorros del 10% al 15%, y exportar al mercado centroamericano, principalmente a El Salvador.

El gerente defendió esta polémica vía de ingresos: “Algunos le dicen ‘Bueno, eres un broker o un revendedor’. Bueno, lo que pueda hacer lo voy a hacer con tal de conseguir el ingreso”.
Aunque este esquema les ha permitido ganar cuatro licitaciones que generan rendimientos anuales de más de $2 millones, con proyecciones de facturar $38 millones para 2027 si suman más clientes estatales, la utilidad neta sigue siendo muy ajustada.
Actualmente Egesa tiene 17 empleados.


