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El barril sin fondo de la Asamblea: décadas de parches, filtraciones y millones en gasto

El barril sin fondo de la Asamblea: décadas de parches, filtraciones y millones en gasto
Fachada del edificio de la Asamblea Nacional que alberga las oficinas de los diputados. LP/Isaac Ortega

La Asamblea Nacional lleva décadas gastando millones en arreglos, remodelaciones, reparaciones, adecuaciones de oficinas y compras asociadas, sin lograr lo básico: que su estructura funcione sin filtraciones, humedad y fallas acumuladas.

El patrón se repite en distintas presidencias legislativas: contratos por mantenimiento rutinario, remodelaciones puntuales que se anuncian como mejoras y, al mismo tiempo, un edificio “nuevo” que nació con problemas y envejeció rápido.

El barril sin fondo de la Asamblea: décadas de parches, filtraciones y millones en gasto
Techo del edificio “nuevo” de la Asamblea con paneles faltantes, manchas de humedad y signos de filtración. LP/Isaac Ortega

Durante un recorrido de La Prensa por el Palacio Justo Arosemena y el edificio de oficinas de los diputados, se evidenció que para atender problemas urgentes, recientemente se hicieron trabajos que costaron $345 mil, mientras se evalúa ampliar el contrato; y las reparaciones que siguen podrían costar entre $1 millón y $1.5 millones, según estimaciones de ese poder del Estado.

Lea aquí: La Asamblea por dentro: grietas, filtraciones y un edificio que envejeció sin mantenimiento

Historia de fallas tempranas

El edificio de oficinas, conocido como el “nuevo”, el que en teoría debía aliviar el desgaste del viejo edificio, arrastra su propia historia de costos y fallas tempranas. La obra fue adjudicada por $19 millones, pero tres adendas elevaron la cuenta a $29 millones. Se empezó a usar en 2014. En ese mismo año, se reportó que el edificio presentaba filtraciones, que el diseño obligaba a depender del aire acondicionado y que era necesario exigir correcciones a Corcione S.A., la constructora.

La línea de tiempo muestra que los “remozamientos” no empezaron con el edificio nuevo, pero sí se aceleraron con él. En 2006, por ejemplo, la Asamblea aprovechó uno de sus recesos para ejecutar reparaciones de mantenimiento en el Palacio Justo Arosemena. Se habló de trabajos por $8 mil, parte realizados con personal interno.

Tres años después, en 2009, con la presidencia del perredista Raúl Rodríguez, La Prensa documentó cómo la junta directiva contrató la remodelación del noveno piso por $98,863.38, pero dividió el contrato en dos montos cercanos al límite permitido para compras directas (dos partidas de $49 mil y fracción) para sostener la vía excepcional.

El Salón Azul

En 2010, el foco se movió al Salón Azul: la remodelación costó $571,192, a través de contrataciones directas. En esa época el presidente de la Asamblea era José Muñoz, quien en ese momento militaba en el partido Cambio Democrático (CD).

“Si yo me pusiese a contratar algo, llevarlo a licitación y subirlo a Panamá Compra, te garantizo que el año no me da para construir una obra”, respondió Muñoz en ese momento, hoy presidente del partido Alianza, aliado del actual gobierno.

El barril sin fondo de la Asamblea: décadas de parches, filtraciones y millones en gasto
Salón Azul de la Asamblea. LP/Archivo

El Salón Azul es, probablemente, uno de los espacios con mayor carga simbólica y protocolar dentro del Palacio Justo Arosemena. Fue inaugurado en la década de 1950 como parte del diseño original del arquitecto Ernesto De La Guardia III, su nombre deriva del tapizado y la ornamentación en tonos azul cobalto que tradicionalmente revistieron sus paredes. Allí sesionan varias de las comisiones permanentes de trabajo, entre ellas, las de Gobierno, Justicia y Asuntos Constitucionales, así como la de Credenciales.

Más fondos para el ‘nuevo’

Con el edificio nuevo ya en uso, la presión por corregir fallas activó el presupuesto. En 2019, bajo la presidencia de Marcos Castillero, del Partido Revolucionario Democrático (PRD), la Asamblea gestionaba una readecuación de espacios por $787,722 para despachos de suplentes, ampliación de direcciones internas y remodelación de la Comisión de Presupuesto.

Ese mismo año, además, se licitaban trabajos en áreas de atención al público, seguridad, capilla y fachada; el precio base para construir la nueva oficina de correspondencia se fijó en $495,693, y el propio documento técnico describía un edificio de entrada “sumamente deteriorado”, con goteras, fallas de plomería, sistema eléctrico sobrecargado y problemas de canalización de aguas pluviales.

En total, bajo esa presidencia se habrían gastado más de $4 millones en reparaciones y similares. Una publicación de este medio cuantificó que, en solo ocho meses de gestión, la Asamblea de Castillero, había desembolsado al menos $4.3 millones en “remodelaciones y reparaciones menores” en el viejo y el nuevo edificio, con una gran proporción de contrataciones por procedimiento excepcional o compras directas.

El barril sin fondo de la Asamblea: décadas de parches, filtraciones y millones en gasto
Foto: Mi Diario / Agustín Herrera

La lista no se limitaba a reparaciones: incluía remodelaciones de oficinas, bancadas y comisiones, adecuaciones de jardín e incluso suministros como arreglos florales.

Castillero fue el primer presidente que tuvo la Asamblea en el quinquenio 2019-2024, periodo en que el PRD controlaba el país. En julio de 2019, este diputado se sentó en la silla presidencial del Legislativo con la bendición de los máximos exponentes del Ejecutivo de aquel momento: el presidente Laurentino Cortizo y su vicepresidente José Gabriel Carrizo. A Castillero le tocó gestionar el Legislativo en medio de la pandemia por la covid-19.

El patrón de Castillero, había sido ensayado por Yanibel Ábrego, de CD, entre 2017 y 2019, tiempo en que se dieron contrataciones directas para remodelaciones interiores en medio de múltiples gastos en otros asuntos.

Por ejemplo, se remodeló una oficina por $29,144 (abril de 2017) y otra por $30 mil (marzo de 2018). En las órdenes de compras que sustentaron los trabajos se describió que se trataba de diseño de interiores, selección de acabados y decoración. No fue todo. Se otorgaron más contratos directos para tapicería de sillas, compra de mobiliario y otros servicios recurrentes.

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Interior del edificio conocido como el “nuevo” de la Asamblea, donde se observan daños en paredes y acabados. LP/Isaac Ortega

El gasto acumulado no ha logrado frenar el deterioro. Actualmente el Palacio Justo Arosemena sigue lidiando con la humedad y el avance del comején en sus maderas, mientras que en el edificio nuevo, las uniones de las paredes exteriores ya no sellan y el agua se filtra. Se trata de una estructura atrapada en su propio diseño, donde incluso cambiar un foco requiere de una compleja logística.


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