Cuando los partidos políticos se preparan para celebrar sus primarias, la figura de la reelección vuelve a entrar al debate público. No es difícil anticipar que varios de los actuales diputados, alcaldes y representantes de corregimiento buscarán retener su cargo en los comicios de mayo de 2024.
A algunos les tocará ir a las primarias que celebrarán sus colectivos entre junio y julio de 2023, mientras que otros esquivarán el desgaste que provoca una elección interna y entrarán directo al torneo general de 2024, pues el partido reservará algunas postulaciones.
Uno de los que apuesta a usar la estrategia de la reelección es el presidente de la Asamblea Nacional, Crispiano Adames, quien ha dicho que buscará un cuarto periodo consecutivo como diputado.
Ya algunos colectivos como el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y el Panameñista han empezado a trazar su hoja de ruta con consultas y la creación de comisiones para decidir qué áreas deberán ir a primarias. Y, además, han definido su fecha para las primarias.
Después de 1990, en las seis elecciones generales celebradas en el país, el fenómeno de la reelección ha tenido curvas ascendentes y descendentes para los diferentes cargos de elección popular, excluyendo el presidencial en virtud de que la figura de la reelección inmediata está prohibida en la Constitución.
Por ejemplo, en las elecciones de 1994, 15.3% de los legisladores de esa época se reeligieron; en los comicios de 1999, la cantidad aumentó a 42.3%. Mientras que en el 2004 fue de 35.9% y se mantuvo en 2009, con 35.2% de candidatos reelectos.
Fue en el proceso electoral de 2014 cuando se disparó el porcentaje de figuras políticas reelectas, sobre todo al cargo de diputados: el 54.9% de los que buscaban la reelección logró ese objetivo. Sin embargo, en 2019, la cantidad de reelectos cayó a un 22.5%, según las actas de proclamación de juntas del Tribunal Electoral.
¿A qué se debió este fenómeno? Según algunos analistas, el hecho de que la reelección se disparara en 2014 se debió a muchos factores, entre ellos, al clientelismo. Y es que en ese proceso electoral se pudo corroborar, a través de fotografías, videos y redes sociales, la práctica de la repartición de jamones, bloques y bicicletas. El diputado Sergio Gálvez, que incluso presidió la Asamblea Nacional en aquella época, acuñó una frase que lo resume todo: “el que no da, ¡no va!”
Además, hubo denuncias de asignación de partidas por parte del gobierno para uso discrecional de los diputados. De hecho, la Organización de Estados Americanos (OEA), que mandó una delegación de observadores, dijo que fue “visible” la injerencia del Ejecutivo (entonces presidido por Ricardo Martinelli), el uso de recursos del Estado y la violación “flagrante” a las normas electorales.
Hay que recordar que en esa elección de 2014, la primera dama Marta Linares de Martinelli fue candidata a vicepresidenta en la nómina oficialista que presidía José Domingo Arias. La Corte Suprema de Justicia, en un fallo posterior a las elecciones, con fecha del 12 de febrero de 2015, ratificó que su candidatura violó el artículo 193 de la Constitución, que prohíbe la elección de los parientes del presidente de la República dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad.
En 2019, tomó fuerza una campaña cívica contra la reelección, que mostraba, especialmente en las redes sociales y en vallas publicitarias, las actuaciones de algunos de los funcionarios-candidatos.
Candy Chen, de la Fundación Conciencia Ciudadana, considera que en 2014, los políticos apostaron al clientelismo para lograr la reelección de diputados, alcaldes y representantes de corregimiento, y así “mantener los poderes políticos partidistas”, pero en 2019 -asegura- se dio el auge de las redes sociales, especialmente en la nueva generación de votantes, por lo que muchas de estas actividades fueron expuestas al público.
“Como votante de la generación que está en medio de las dos generaciones diferentes, vimos mucho la influencia de esa docencia política que se incrementó en las elecciones pasadas y que no existían antes”, dijo.
Igual punto de vista comparte el abogado Ernesto Cedeño, quien habla de la combinación de factores, como el uso adecuado de las tecnologías de la información y la comunicación. Ahora “se conoce más, por medio de las redes sociales y la web, sobre lo que hacen los políticos y el pueblo pasó factura”, planteó.
Igualmente, manifestó que la “no reelección” también fue impulsada por la incorporación al rejuego político de algunos ciudadanos que lucharon contra el “caudillismo”. Se refiere a políticos que, estando en un partido, no comparten las mismas posiciones y los de libre postulación, que ese año lograron casi el 20% de los votos en el cargo de presidente de la República, en la figura de Ricardo Lombana. También dice que se debió a un mayor deseo del ciudadano de combatir la corrupción por medio del empoderamiento de nuevas figuras en cargos de prominencia.
Olga De Obaldía, de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, pone sobre la mesa la hipótesis de que una Asamblea Nacional, compuesta por una mayoría de diputados “nuevos”, podría generar que ese órgano atienda los tres tipos de funciones que les otorga la Constitución, pero eso -dijo- “no se ha cumplido”.
Los “nuevos”, salvo contadas excepciones, explicó, han seguido el mismo patrón de “uso discrecional de fondos para actividades y planillas de promotores en las comunidades, inclusive aumentando su número y presupuesto anual al que tenían antes de la pandemia”.
Añadió que las experiencias de 2014 y 2019, en el tema de elección de diputados y el desempeño de la Asamblea, dejan importantes lecciones: investigar qué intereses representa un candidato, porque que sea “nuevo” no significa que sea distinto; que el voto no es un cheque en blanco, y que en 2024 es crucial elegir a quienes presenten propuestas políticas diferentes al modelo clientelar y al “qué hay pa’ mí”.
En tanto, el analista político José Stoute indicó que la campaña de “no a la reelección” impidió la reelección de un número significativo de diputados, curules que fueron llenadas por nuevos diputados pertenecientes a la misma partidocracia. Se pregunta si ¿cambió en algo el funcionamiento y la imagen de la Asamblea?, se respondió que “evidentemente, no”. Indicó que el fracaso de la campaña de reelección radica en que los problemas no responden a “malos diputados”. El cáncer radica en los partidos de donde provienen, caracterizados por tener un único interés: el control y aprovechamiento del presupuesto de la Nación”
Cedeño anticipa que para 2024, la figura de la reelección se mantendrá, tal vez con menos fuerza, especialmente por los caudillismos geográficos, fortalecidos por leyes regionalistas o por el uso de planillas, pero -matiza- también habrá autoridades a los que se les premiará por su trabajo.

