La noticia de la detención de Andrés Mountbatten-Windsor este jueves en Norfolk, Inglaterra, revive en la memoria local aquella semana de febrero de 2010, cuando el tercer hijo de la reina Isabel II recorrió las calles de la capital panameña.
En aquel momento, su llegada fue vista como un espaldarazo diplomático y comercial. Hoy, los registros de esa gira podrían analizarse bajo el lente de una investigación por presunta mala conducta en el ejercicio de cargo público y sus vínculos con el fallecido financiero neoyorquino, Jeffrey Epstein, quien entonces acababa de salir de un penal en Florida luego de cumplir una condena de 13 meses de prisión por delitos sexuales en perjuicio de menores de edad.
Según los documentos desclasificados de los archivos de Epstein, ahora se sabe que en 2010, el mismo año en que vino a Panamá, el ahora expríncipe podría haber enviado información a Epstein, incluyendo informes oficiales sobre sus viajes oficiales y contactos. De hecho, el 6 de diciembre de 2010, fue fotografiado junto a Epstein, recién salido de prisión, y grabado en su apartamento de Manhattan.
Encuentros al más alto nivel
La visita a Panamá inició la noche del domingo 7 de febrero de 2010.
Ese día, Andrés, que entonces utilizaba los títulos de príncipe y duque de York, mantuvo una agenda que ahora, ante los ojos de la Policía del Valle del Támesis, cobra un matiz distinto.

Andrés, en su calidad de representante especial de Comercio e Inversiones del Reino Unido, se reunió con el presidente Ricardo Martinelli (2009-2014) y otras figuras muy prominentes del gobierno de aquella época.

El lunes 8 de febrero, fue atendido por el entonces ministro de Comercio e Industrias, Roberto Henríquez, para hablar del clima económico. También fue recibido por Alberto Vallarino, quien estaba al mando de la cartera de Economía y Finanzas, con quien discutió un tratado de doble tributación.
Al mediodía, en la antigua base militar de Panamá Pacífico, almorzó con la cúpula empresarial. En la mesa se sentaron el empresario Stanley Motta y el abogado Ebrahim Asvat, junto a directivos de transnacionales inglesas como HSBC, Cable & Wireless y British American Tobacco.
La tarde de ese día incluyó una cita con el entonces canciller y vicepresidente Juan Carlos Varela para tratar la cooperación antidrogas y una visita a Gustavo Pérez, director de la Policía Nacional, antes de cerrar la jornada con un banquete de Estado en la Presidencia. Martinelli ejerció de anfitrión.
Un banquete de Estado en el Palacio de las Garzas
En el Salón Amarillo del Palacio de las Garzas, entre brindis y protocolos reales, el príncipe consolidó su acceso a la élite política panameña bajo la imagen de legitimidad que le daba su cargo. Mientras los selectos invitados degustaban lo mejor de la gastronomía panameña, el nombre del invitado de honor ya estaba ligado, en la sombra, a la trama de Jeffrey Epstein.

¿Qué hacía Jeffrey Epstein en febrero de 2010?
Mientras el príncipe Andrés estrechaba manos en el istmo panameño, su amigo Jeffrey Epstein acababa de recuperar su libertad.
Apenas unos meses antes, en julio de 2009, Epstein había salido de una cárcel en Florida tras cumplir una condena inusualmente leve de 13 meses de prisión por solicitar prostitución a una menor.
En febrero de 2010, mientras el príncipe discutía acuerdos comerciales en las esclusas de Miraflores, Epstein se encontraba en su fase de libertad condicional y ya era registrado como delincuente sexual, pero reactivó rápidamente su red de contactos de alto nivel.
Documentos desclasificados recientemente sugieren que ese mismo año, 2010, fue un periodo de comunicación intensa entre ambos. Se sospecha que, ese año, Andrés pudo haber compartido información confidencial con Epstein o utilizado su “aura y acceso” real para beneficiar intereses privados, lo que constituye el núcleo de las acusaciones que hoy lo mantienen bajo custodia policial.
Correos divulgados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos revelan que Andrés facilitó a Epstein documentos sensibles del gobierno británico.
La puntualidad inglesa que marcó su agenda en Panamá hace 16 años parece haber llegado a su fin frente a los tribunales británicos.



