Estados Unidos de América cumple hoy 4 de julio 246 años de independencia. Aunque la celebración de este festivo veraniego marca la temporada de vacaciones de muchos estadounidenses, este año habrá razones significativas para que esa conmemoración sea agridulce.
“El arsenal de la democracia”, la nación imprescindible sobre la tierra y “un experimento único en la historia humana”, son expresiones que han calificado en el pasado a Estados Unidos, que entre sus conflictos sociales y políticos, presentó al mundo un ejemplo de una República democrática en la que todas las personas son iguales jurídicamente, y pueden cambiar su destino para bien.
Una nación dividida
La demografía es el destino. Estados Unidos, con una población de 332 millones 183 mil habitantes, estimada para 2021, tiene una composición racial así: 63% raza blanca, 17.4% hispanos, 12% negros, 4.6% asiáticos, y 1% amerindios. Para la segunda mitad de este siglo, los blancos estadounidenses dejarán de ser mayoría en la población del país para convertirse en la minoría más grande.
Este trascendental proceso demográfico despertó en el último medio siglo las más intensas pasiones, acompañadas de reacciones políticas que pretendían facilitar la separación racial. A pesar de que las órdenes judiciales y la legislación federal establecieron la integración escolar, urbanística, habitacional, y laboral, las tendencias de rechazo a minorías raciales y a cambios en los valores tradicionales seguían vivas, y representaban una fuente de votos para los candidatos conservadores.
A pesar de que estas políticas favorecían al Partido Republicano no necesariamente la dirigencia nacional de ese partido las abrazaba abiertamente, porque para ganar elecciones se necesitaban votos de algunas de las minorías raciales. Es necesario entender que no todos los conservadores son iguales. Los blancos conservadores de los suburbios de las grandes ciudades son conservadores económicos que prefieren bajos impuestos y pocas regulaciones; mientras que la población blanca rural también es conservadora social, es decir que mantiene una identidad religiosa muy fuerte, prefiere aislarse de la interacción con otras razas, y reafirman su convicción en la familia tradicional.
El éxito político de Donald Trump
El consenso de los analistas electorales sobre las elecciones presidenciales de 2016 era muy claro: los republicanos tenían la ventaja. Habían transcurrido 8 años del gobierno del demócrata moderado Barack Obama y la base del partido que lo respaldó no manifestaba tanto entusiasmo por los limitados logros que Obama tuvo en la política interna. En cambio, los republicanos venían ganando elecciones y tenían un mensaje unificado contra los demócratas, que era el desmantelamiento del programa de salud de Obama, que cubría por primera vez a casi toda la población de los Estados Unidos.
Aunque el programa era en términos generales popular, a la población blanca suburbana le molestaban los impuestos y las regulaciones, mientras que a los blancos rurales les molestaba pagar para que asiáticos, hispanos y negros tuvieran los mismos beneficios en salud. Ese rechazo regulatorio animó a discursos más abiertamente racistas y en una contienda que debió ser rutinaria, el controversial empresario inmobiliario y personalidad televisiva Donald Trump conectó con los votantes republicanos y ganó las primarias del partido.
Trump le hablaba al votante en términos fuertes y a veces obscenos que gustaban a las masas. En el torneo presidencial frente a la demócrata Hillary Clinton, Trump ensayó sus polémicas declaraciones de voto fraudulento por parte de las minorías, máquinas electrónicas manipuladas, y juntas electorales sesgadas que serían argumentos repetidos en 2020. A pesar de que Clinton sacó 3 millones de votos más que Trump, debido al arcaico sistema electoral estadounidense, este último ganó el colegio electoral.
El gobierno de Trump fue verdaderamente revolucionario. En el sentido de que políticas públicas e instituciones estadounidenses fueron cambiadas o desmanteladas. Para saber qué iba a hacer Trump, bastaba con conocer qué hicieron Obama y los demócratas. Si Obama propuso un seguro de salud, Trump estaba en contra. Si los demócratas fustigaron a Putin, Trump era su amigo. Si la política tradicional quería luchar contra el cambio climático, Trump estaba opuesto, y así sucesivamente.
En las relaciones internacionales, Trump manifestó el máximo unilateralismo rechazando a las Naciones Unidas, despreciando a la Organización Mundial de la Salud, y despertando un fuerte proteccionismo económico contra China y la Unión Europea. A su vez, una de sus grandes promesas electorales, la de nombrar a jueces ultraconservadores en la Corte Suprema de Justicia la cumplió en tres ocasiones, con el resultado de que en los últimos días del mes de junio de este año se legalizó el porte de armas de fuego a nivel nacional, se revirtió la jurisprudencia sobre aborto, se derogó una restricción a las prácticas religiosas dentro de escuelas públicas, y se tumbó 40 años de jurisprudencia ambiental.
La caída de un populista
El gobierno de Trump fue muy popular en las encuestas de opinión durante sus tres primeros años. Su mandato se benefició de la tendencia de crecimiento económico iniciada por el gobierno de Obama, y sus acciones en política social eran bienvenidas por la base del Partido Republicano. El mal manejo de la pandemia de la covid-19 y la legitimación de movimientos extremistas como el Ku Klux Klan, y otros similares contribuyeron a su derrota electoral. Sin embargo, el periodo postelectoral lo evidenció como un demagogo peligroso que estuvo a punto de dar un golpe de Estado el 6 de enero de 2021.
Mientras el gobierno de su sucesor, el demócrata Joe Biden tiene que lidiar con el gran divisionismo de la población estadounidense, alimentado por Trump, junto a otras cuestiones trascendentales como la inflación, la guerra de Ucrania, la crisis migratoria, y la reciente ola de violencia en Estados Unidos, los sectores conservadores mantienen un esfuerzo para reconquistar la Casa Blanca en el año 2024.
El mayor obstáculo para Donald Trump lo constituyen los procesos judiciales en curso en Nueva York, por su conducta empresarial previa a ser presidente, y en Georgia por presionar a un funcionario electoral republicano para que falseara los resultados de la elección presidencial de 2020. Adicionalmente, ya es evidente que el Departamento de Justicia lleva adelante una investigación muy robusta, que ya ha imputado a varios allegados cercanos a Trump, e incluso han allanado las residencias y oficinas de parte de los abogados cercanos al expresidente. Aunque sería un hito histórico que un expresidente de Estados Unidos sea imputado en un caso penal, este podría ser el destino a corto plazo de Trump. En Estados Unidos no existe el fuero electoral penal, por lo que un juicio penal contra Trump lo sacaría de la carrera presidencial.
A pesar de que el riesgo de un proceso penal en su contra es significativo, tal vez, el mayor peligro que enfrenta Trump proviene del gobernador republicano de Florida Ron DeSantis, de 44 años, quien se ha posicionado como “trumpismo sin Trump”. El gobernador DeSantis destaca por su elocuencia y por ser introvertido. Cumpliendo con los rituales electorales estadounidenses, DeSantis ya empezó a visitar los primeros estados en los que se harán primarias presidenciales. En una encuesta hipotética, DeSantis vencería a Biden en las elecciones del 2024, y también le ganaría a Trump en las elecciones primarias del estado de New Hampshire. Aunque su huella en la realidad estadounidense sea gigantesca, ahora los vientos soplan en contra de Donald Trump.

