El día en que Venezuela volvió a estremecerse, Fabiola Zavarce no estaba frente a una pantalla de televisión ni siguiendo una cadena oficial. La noticia le llegó de forma fragmentada, casi doméstica, como suelen llegar los grandes golpes.
Un sobrino, desde Houston, vio las primeras imágenes pasada la medianoche y llamó preocupado a su madre. Minutos después, el teléfono sonó en Panamá. “Ahí empezó la zozobra”, recuerda Zavarce. Durante horas, la información llegó a pedazos. Llamadas, mensajes y videos enviados por familiares desde Caracas.

La captura de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, tomó por sorpresa incluso a quienes llevaban años denunciando la fragilidad del régimen. “Nos agarró como a todos: en shock, entre la alegría de saber que algo que siempre soñamos estaba ocurriendo y la conciencia de que esto apenas comenzaba”.
Zavarce habla con la certeza de quien ha vivido la política venezolana desde el exilio y desde el Estado. En enero de 2019, en plena crisis presidencial, la Asamblea Nacional la designó embajadora de Venezuela en Panamá. Desde entonces, su nombre quedó asociado a la diplomacia de resistencia.
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Para ella, la operación que terminó con la captura de Maduro confirmó algo que el chavismo negó durante años: la profundidad de la penetración extranjera. “Los primeros anillos de seguridad eran cubanos. Eso siempre lo dijimos. Venezuela está colonizada desde que Hugo Chávez se la regaló a Cuba”. Dice que con el tiempo se conocerán más detalles. “Todo esto se va a seguir confirmando”.
‘Los venezolanos lo hemos dado todo’
Cuando se le pregunta por los errores de la oposición, Zavarce introduce otro marco de análisis. “Los venezolanos lo hemos hecho todo y más. Nos levantamos todas las veces que nos teníamos que levantar”. A su juicio, el problema superó cualquier disputa política tradicional. “Aquí lo que superó fue el crimen transnacional y la invasión que teníamos desde hace muchos años”, añade.
Habla de corrupción a escala industrial, de recursos “que cuesta hasta decir los números”, de liderazgos comprados, de países penetrados. “Eso no fue falta de lucha. Eso fue una maquinaria que compró lo inimaginable”. Aun así, insiste en que la resistencia no se detuvo. “Muchos quedaron en el camino. Muchos siguen torturados. Nuestros presos políticos siguen allá”.

‘Transición dolorosa’
El nuevo escenario abrió una herida adicional cuando el presidente Donald Trump desconoció públicamente el liderazgo de María Corina Machado y optó por entenderse con Delcy Rodríguez como figura de control institucional. Para Zavarce, ese giro no borra la legitimidad política que, dice, sigue intacta.
“La transición viene en una fase muy dolorosa”, explica. “Hay que limpiar un aparato de criminalidad que está incrustado en todas las instituciones. No se salvó nada en Venezuela”. En su lectura, esa primera etapa no le corresponde a un gobierno democrático electo. “Eso no le toca a María Corina ni al gobierno que escogimos. Eso le toca a quienes entregaron a Maduro. Primero hay que limpiar el terreno”, afirma.
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Zavarce insiste en que la voluntad popular está documentada. “Esas actas existen. Eso se va a respetar”. Pero no esquiva la dureza del proceso. “El cáncer hay que quitarlo. Y cuando hizo metástasis, como en Venezuela, es doloroso”.
El rol de Panamá
Panamá aparece en su relato como algo más que un país de acogida. “Panamá ha sido un aliado indiscutible”, dice. Añade que la transición apenas comenzó. “La mediación de Panamá sigue siendo importante”, agrega.
Habla del istmo con afecto personal. “Toda la reconstrucción de Venezuela va a pasar por el Canal de Panamá”, afirma. Describe lo que llama un “segundo Plan Marshall” para su país y sitúa a Panamá como socio central. “Esto se ha venido trabajando. No hemos parado”, recuerda.
La conexión, aclara, también es íntima. “Mis hijos se criaron aquí. Uno se acaba de graduar en una escuela panameña. Su camisa es la roja de la selección”. Cuando dice “hermanos”, insiste, no es retórica.
Los presos políticos
Antes de cerrar, vuelve a una frase que escuchó en Panamá, cuando era embajadora. Se la oyó a Carlos Cruz-Diez, el fallecido artista venezolano reconocido mundialmente por su obra cinética y por su influencia en varias generaciones de creadores.
“En Venezuela hay que hacerlo todo nuevo”. Zavarce la repite como una consigna personal. “Lo vamos a hacer todo nuevo y lo vamos a hacer mejor”.
Pero no quiere que el cierre de esta entrevista sea solo esperanza. Pide insistir en lo inmediato. “Hasta que no veamos la libertad de nuestros presos políticos, no podemos bajar la voz”.

Según cifras del Foro Penal, recuerda, aún quedarían alrededor de 863 presos políticos en Venezuela, tras algunas excarcelaciones recientes.
“Hay que seguir abogando por ellos”, dice. Y entonces, por primera vez en toda la conversación, baja el tono. “Esto no va a ser de la noche a la mañana. Pero ya empezó”.

