Los primeros pasos estuvieron guiados por la luz del sol, pero 100 metros dentro, la oscuridad era total. Las luces de los cascos eran tan raras en aquel entorno, que los insectos se acercaban a ellas y sus patas se adherían a los rostros de los excursionistas.
De pronto, nos sorprendieron unos chorros de agua que caían a presión del techo de la cueva, y en todas partes sobresalían estalactitas que formaban columnas al unirse con las estalagmitas. Aquello parecía una catedral gótica escondida dentro de una montaña de Panamá este.
Para llegar a aquella cueva habíamos tomado la carretera a Darién, hasta llegar al puente sobre el río Bayano.
Frente al puesto de policía que anuncia la entrada a la comarca Madugandí dejamos los automóviles. Caminamos hasta la orilla del río donde un bote nos condujo a un extremo del lago Bayano. Navegamos media hora para llegar a una caverna sin nombre, labrada por un río también sin bautizar, que desciende de la montaña. Está cerca del caserío de Pueblo Nuevo, en las faldas de la serranía de Majé, donde no hay electricidad ni agua potable. Dejamos los botes en la boca de aquel río y seguimos su curso hasta entrar a la caverna.
Adentro, Luis Iván Herrera, guía turístico de Aventura Panamá Outdoors, explicó que aquel lugar era un mezcla entre cañón y cueva porque tenía sitios donde la cúpula no estaba totalmente cerrada, y el sol entraba como si fuera a través de un tragaluz. Las paredes con el leve resplandor parecían estar cubiertas por un hermoso terciopelo verde.
En un lugar tan apartado del sol, la compañía frecuente eran los cientos de murciélagos que revoloteaban alrededor, asustados por la luz de los cascos.
Entre las columnas minerales se levantaba una pared de roca. Herrera enganchó un arnés de la saliente de una estalagmita, y en este nos apoyamos para escalar la pared. Arriba descubrimos terrazas esculpidas por la naturaleza en aquella roca blanca y porosa.
En varios tramos el agua nos llegó al cuello y en algunos puntos tuvimos que construir balsas con troncos flotantes que encontramos en el cauce, para poder navegar dentro de la cueva. Este corto viaje fue extenuante y húmedo, pero todo esto es insignificante frente al espectáculo natural que se observa. Sin embargo, este sitio es tan desconocido que ni siquiera sus vecinos se aventuran dentro de la caverna. Además en Panorama
