En el corazón de la selva del Darién, la crisis migratoria continúa su curso en 2026, con cifras que reflejan una realidad humana compleja y persistente. Aunque el flujo ha disminuido de forma considerable con respecto a los años de mayor presión, la selva no ha dejado de ser un corredor para quienes buscan llegar al norte del continente.
Durante el primer semestre de 2026, el tránsito irregular volvió a mostrar señales de repunte, especialmente en junio. El movimiento estuvo protagonizado, principalmente, por jóvenes de entre 18 y 35 años que continúan enfrentando ríos caudalosos, montañas, redes criminales y una de las rutas más peligrosas de América en busca de una oportunidad fuera de sus países.
Según datos preliminares del Servicio Nacional de Migración de Panamá, un total de 280 personas transitó de forma irregular por la frontera con Colombia durante el primer semestre del año.

Aunque el flujo comenzó con cierta moderación y alcanzó su punto más bajo en febrero, con apenas 19 personas, junio registró un repunte al contabilizar 102 migrantes cruzando la inhóspita región, la cifra mensual más alta de 2026.
El perfil
El perfil geográfico de esta travesía es predominantemente sudamericano: el 87% de los migrantes que cruzaron la frontera procede de países de la región. Venezuela encabeza la lista con 135 ciudadanos, seguida de Ecuador, con 48, y Colombia, con 44.
No obstante, el Darién no solo es testigo del paso de migrantes sudamericanos. El informe también identifica a 22 personas procedentes de África, además de un pequeño grupo originario de las Antillas y Norteamérica, lo que subraya el carácter global de esta peligrosa ruta migratoria.
Al analizar el género y la condición de quienes se aventuran en la selva, las cifras muestran que la mayoría son hombres adultos, quienes representan el 65% del flujo total, con 182 personas.

Sin embargo, la vulnerabilidad sigue presente en esta ruta. El 20% de los migrantes son mujeres y el 15% menores de edad. Entre estos últimos se contabilizaron 20 niñas y 21 niños, una muestra de que familias enteras continúan arriesgando su integridad en busca de nuevos horizontes.
La juventud
La juventud constituye el principal motor de este movimiento migratorio. El grupo de entre 18 y 35 años es, por amplio margen, el más numeroso, con 167 personas registradas durante el primer semestre del año. Le siguen los adultos de entre 36 y 49 años, con 56 migrantes.
Estas estadísticas sugieren que la población en plena edad productiva es la que más se ve obligada a abandonar su país, enfrentándose a los riesgos naturales y de seguridad que caracterizan a la frontera colombo-panameña.
Sin embargo, la crisis migratoria en Panamá ya no solo se mide por quienes cruzan la selva del Darién rumbo al norte. En los últimos meses, el mar Caribe se ha convertido en un nuevo escenario de riesgo para quienes emprenden el viaje de regreso hacia Sudamérica.
La ruta marítima que parte desde comunidades de la costa de Colón, como Miramar, ha cobrado la vida de varios migrantes en naufragios ocurridos entre 2025 y 2026, lo que evidencia que el fracaso del llamado “sueño americano” también puede terminar en tragedia. Pese a esos antecedentes, el flujo de retorno no se detiene.
Actualmente, desde la costa de Colón parten cada semana unas tres lanchas con alrededor de 20 migrantes cada una rumbo a la frontera con Colombia. En su mayoría se trata de personas que no lograron ingresar a Estados Unidos y que ahora desandan el camino por una ruta marítima tan incierta como la travesía que meses antes emprendieron a través del Darién.

