Rubén Andrade imaginaba pasillos solemnes, debates de altura y una infraestructura digna de una película. Antes de ingresar a la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá (UP), su expectativa apuntaba a una academia de primer mundo.
La realidad, sin embargo, le propinó un golpe en seco apenas cruzó la puerta principal.
“Fue una total decepción”, confiesa Rubén, estudiante de segundo año. “Nos encontramos una facultad en decadencia, destrozada, bajo el imperio de 10 años de poder de una autoridad a la que no le interesan los estudiantes”, afirma para referirse al actual decano.
El estudiante luce una gorra roja con un letrero rotundo: “No a la reelección”.
Su relato es el de un joven de 20 años que vive el día a día de una institución que, según él, parece más el “garaje abandonado” de alguien que el corazón jurídico del país, el lugar que ha parido desde magistrados de la Corte Suprema de Justicia hasta presidentes de Panamá.
Es un viernes soleado de abril. Desde la icónica “Colina”, como se le conoce al centro de mando donde se administra un presupuesto de $317.5 millones, el ambiente es de una calma burocrática impecable.
Hombres de saco y corbata caminan con paso firme y las oficinas atienden al público con la parsimonia de la rutina. Pero al bajar la pendiente, el panorama cambia.
Hacia la luz, pero con los baños sin agua
Grietas en algunas paredes, moho y pedazos de concreto desprendidos en los techos marcan el camino hacia varios salones. Las varillas de acero asoman desnudas donde el material cedió ante la humedad y el paso del tiempo. En los pasillos, las columnas lucen una pintura que hace años perdió su batalla, y manchas oscuras trepan por los techos.
Una cinta amarilla de precaución corta uno de los accesos principales: los estudiantes la rodean, cada día, para llegar a clases. “La universidad se cae a pedazos”, afirman los más pesimistas.
En la entrada de la Facultad de Derecho, una pancarta gigante recibe a los alumnos con un mensaje motivacional: “Hacia la luz”. El cartel, firmado por Gilberto Boutín, exdecano de la facultad, choca frontalmente con la experiencia de quienes usan los baños sin agua o caminan por salones que claman por mantenimiento.
Sara Lazzo, de 22 años, camina por esos mismos pasillos y coincide con el diagnóstico de su compañero: la universidad está abandonada.
“Usted entra a los baños y están dañados. No hay papel, no hay agua para lavarse las manos”, relata.
Sara cursa segundo año de derecho. Para ella, el problema no es la falta de recursos, sino la manera como se administran. “Dinero es lo que se recoge aquí, pero no va para las instalaciones”, dice.
Los $317.5 millones que maneja la UP para el 2026, están distribuidos así: $297.4 millones para funcionamiento y otros $20 millones para inversión.
Inicialmente las autoridades de este centro universitario habían pedido $410 millones.
En septiembre de 2025, cuando sustentó la cifra con la que pretendía trabajar este año, el rector Eduardo Flores Castro explicó que el recorte de $77 millones afecta el funcionamiento de la UP.
En ese momento explicó que el renglón más afectado es el de inversiones. También dijo que el insuficiente presupuesto amenazaba con dejar a la institución sin capacidad para responder a la demanda. Contó que para 2026, la matrícula de la UP superará los 90 mil estudiantes.
La disputa por la colina
Por estos días, la Universidad de Panamá se prepara para un cambio de mando.
El próximo 1 de julio la comunidad universitaria se jugará el destino de los próximos cinco años: no solo se escogen las principales autoridades administrativas, también se decide el rumbo de 69,002 estudiantes, 4,030 profesores y casi 4,000 administrativos. Los números representan el padrón preliminar, es decir los que podrían emitir el voto.
Rufino Fernández, presidente del Organismo Electoral Universitario, informó que el periodo de postulación cerró el pasado 13 de abril.
La lista de aspirantes a la rectoría es la siguiente: César Augusto García Escobar, Migdalia Bustamante Villareal, José Emilio Moreno Ramos, Corina Pérez de Coronado, Roberto Ah Chong Falcón y Denis Javier Chávez.
Quieren suceder a Flores Castro, quien termina su gestión el 30 de septiembre de este año.
Fernández aclara que por ahora no se puede hablar de candidatos, ya que primero el organismo de elecciones debe analizar cada postulación para verificar que cumple los requisitos. Por ahora son aspirantes.
Campaña y lo que se espera
La campaña arranca oficialmente el 29 de mayo y cierra un mes después, el 29 de junio.
Serán tiempos donde los que quieren tomar las riendas de la casa de Méndez Pereira deben convencer a votantes como Rubén y Sara, que ya tienen claro lo que esperan: una universidad que investiga y produce conocimiento, facultades que se conectan con el país y sus problemas, una administración que rinde cuentas y gasta bien cada dólar de un presupuesto que ninguno de los dos está dispuesto a ver desaparecer sin explicaciones.
Quieren aulas que no se caigan, laboratorios que funcionen, baños con agua y papel higiénico, profesores que lleguen a clases. Y una señal, sobre todo, de que esta vez hay voluntad real de cambiar algo.
Rubén mira con lupa las candidaturas. Critica los intentos de perpetuarse en el poder, como ocurre con algunos candidatos a decanos que buscan la reelección, y advierte que la gestión del rector saliente dejó vacíos en su segundo periodo.
“Necesitamos un rector comprometido con los estudiantes, no con los intereses de otras personas”, sentencia.
Pero los baños siguen secos
La discusión sobre el presupuesto divide opiniones en los pasillos. Mientras Rubén afirma que el recorte de $77 millones que aplicó el Ministerio de Economía y Finanzas asfixia las operaciones, Sara argumenta que la matrícula que pagan miles de estudiantes debería ser suficiente para, al menos, entregarles un carnet universitario que hoy les obligan a imprimir por su cuenta.
La política, según ellos, dentro de la UP se manifiesta de formas distintas. La presión de los grupos que operan en el centro de estudio y las trabas administrativas crean un ambiente donde la conciencia crítica parece estar bajo asedio.
La facultad de derecho es solo un ejemplo de las condiciones en que se encuentra el principal centro de enseñanza público del país. Es un espejo en lo que se vive en la facultad de humanidades, en la arquitectura, en la de economía, en casi todas.
Capas de pintura vieja, filtraciones, y esperanzas que llevan demasiado tiempo esperando que alguien las atienda.

