Llega uno, llegan dos y, de repente, son 20 y 40. No hay música, pero sí baile. Un chico se toma una pierna y se la pasa por encima de la cabeza. Otro hace rompecabezas con sus pies.
Una muchacha se une al grupo y empieza a hacer temblar sus nalgas. Alentada por los vítores, menea el cuerpo hasta llegar al piso mientras empuja el busto hacia adelante.
Una señora que come un helado mira todo y censura. Una familia entera decide alejarse. A los muchachos les da igual.
Dueños ya de todo el espacio, compiten entre ellos para demostrar que están pretty, que hay que mostrar el bling-bling. Que son, a final de cuentas, parte del fenómeno “pasa pasa”, aunque quizá ni ellos lo sepan.

