La invasión estadounidense de 1989 rompió la cadena de influencias que mantenía Orville Goodin, un economista que estudió física y que laboró en la agencia espacial de Estados Unidos (NASA). Derrotado el régimen de Noriega, la Contraloría General de la República auditó la Junta de Control de Juegos de Hacienda y Tesoro. Los nombres de Rómulo Abad Coutte –estrecho colaborador del presidente Ernesto Pérez Balladares– y Goodin, aparecieron en el proceso.
Ambos habían abandonado el país y regresaron muy calladamente cuando Pérez Balladares llega a la Presidencia de la República. El Ministerio de Planificación estaba en manos de Guillermo Chapman y no encontraban espacio para Goodin. Pérez Balladares decide, entonces, enviarlo como su representante en la Clicac. Es allí donde Goodin retoma los pasos que lo llevarían, 10 años más tarde, a ser uno de los más influyentes en el gobierno de la Patria Nueva.
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