El caso Wikileaks y las miles de “filtraciones” sobre los secretos de la diplomacia estadounidense –más de 250 mil documentos a través de cinco medios de comunicación en el mundo– es quizá el ejemplo a gran escala de la estrategia que aspiran a implementar los periodistas mexicanos y estadounidenses que hacen vida en aquella frontera común, con la idea de mitigar el impacto que tiene el narcotráfico en las salas de redacción.
Sí. Así como Le Monde en Francia, El País en España, Der Spiegel en Alemania, The New York Times en Estados Unidos y The Guardian en Inglaterra se pusieron de acuerdo para publicar las “filtraciones” del Departamento de Estado estadounidense, diarios y otros medios de comunicación de la frontera común entre México y Estados Unidos están de acuerdo con la idea de unificar esfuerzos contra el narcotráfico.
Pero con una diferencia. Mientras aquellos acordaron segmentar la información por áreas geográficas, y así poder dar cobertura al inmenso universo de datos, estos aspiran a masificar la información como medida de protección.
Eso significa, de una u otra forma, renunciar a las primicias informativas para mitigar las represalias de los narcocarteles, que en los últimos cuatro años han matado a 53 periodistas solo del lado azteca de la frontera.
En otras palabras, no más “goles”, como dicen los periodistas en Panamá; o “tubazos”, como lo expresan los venezolanos; o “chivas”, según los colombianos.
Y así quedó en el espíritu de la reunión sostenida por un centenar de editores y periodistas de medios fronterizos a comienzos de este mes en El Paso, Texas, bajo el auspicio de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de la Asociación Americana de Editores de Noticias (ASNE, por sus siglas en inglés).

