Monagrillo es un pueblo de gente trabajadora, pero que también sabe darle rienda suelta al buen humor, a los chistes y a los sobrenombres que, en la práctica, han pasado a ser los nombres de pila de muchos de los que aquí residen.
Si le urge ubicar a alguien en este corregimiento chitreano, es mejor que se asegure de saber cuál es su sobrenombre o apodo, porque de lo contrario le será casi imposible lograr su propósito. En Monagrillo, la mayoría de sus 10 mil 860 habitantes se conocen por un apodo.
Tripa pollo, Uña, Triple feo, Masca hierro, Lengua trucha, son solo algunos de los sobrenombres con los que la gente ha “bautizado” a los parroquianos, quienes ya se han acostumbrado a que se les llame así, porque poca gente conoce sus nombres verdaderos.
Aquí en Monagrillo la fábrica de sobrenombres esta abierta las 24 horas, los 365 días al año, asegura el escritor y poeta Sergio Pérez Saavedra, quien indica que para poner un buen sobrenombre se necesita ser un “filósofo y un poeta”.
“El sobrenombre tiene que identificarse plenamente con la persona, para que los propios coterráneos sepan de quién se está hablando”, precisó.
El escritor menciona que la gente de Monagrillo vive sin mayores problemas económicos, y por esta razón tiene el deseo y el espíritu de bautizar a sus vecinos con un buen apodo.
Pérez Saavedra indica que hasta los pequeñitos, que se han levantado en un hogar chistoso, pueden fácilmente heredar la habilidad para bautizar a alguien con un tremendo sobrenombre.

