La mayoría de las tumbas del cementerio de Pueblo Nuevo tienen crucifijos en las lápidas. Son casi todas blancas con letras negras, pero hay una que otra en gris.
"Aquí no se admiten colores brillantes. Nada de morados del Nazareno", dice el sepulturero Carlos Antonio Cedeño, apodado El Cholo, quien trabaja allí desde hace 50 años, calcula él.
Cada día de los difuntos, El Cholo es testigo de las romerías que llegan al cementerio. "Son gente silenciosa, respetuosa, algunos llegan cuando abre a las 6:00 a.m. y se van cuando cierra a las 6:00 p.m. ".
Con la misma parsimonia se mueve el resto del país. Incluso las emisoras de radio evitan poner música alegre, aunque la Ley 26 de 1941, que instituye el 2 de noviembre, como el día para que los panameños "conmemoren la desaparición física de sus familiares y amigos", no obliga a tomar estas medidas.
Pero no para todos es significativa la fecha, aunque sí lo que representa.
En el caso de la comunidad judía, hay una semana entre los días más sagrados del año: el Rosh Hashaná (año nuevo judío) y el Yom-Kipur (día de la expiación), en la que visitan a sus familiares en el cementerio o Beit-Jaim (casa de los vivos, en hebreo). "Durante esa semana Dios nos juzga", explica el rabino Gustavo Kraselnik.
Entre los judíos la cremación está prohibida y sobre sus tumbas no hay flores, sino pequeñas piedras. "La piedra es un testimonio perdurable de la presencia de un ser querido, a diferencia de una flor que se marchita".
OTRAS TRADICIONES
Los chinos visitan a sus difuntos tres veces al año: el 5 de abril, siguiendo el calendario gregoriano; el séptimo día, del séptimo mes lunar, y el noveno día, del noveno mes lunar. "Hay diferentes tradiciones para honrar a los muertos, dependiendo de la procedencia de la persona. Por ejemplo, hay clanes que no le permiten a la mujer ir a un cementerio", explica el panameño Juan Tam, autor de La Necrópolis china. "Pero sí hay ciertas costumbres generales".
Las visitas de los "paisanos" al cementerio son alegres. Allí, lanzan petardos para "despertar" al difunto y luego hacen un banquete en su honor donde hay cerdo, pollo, pescado, dulce, licor y fruta.
Los tres animales se cocen en agua y representan fortuna. Para asegurarse de que al ancestro no le falte dinero en el más allá, también queman "papel de muerto" (un papel rústico con inscripciones doradas o plateadas), que serían billetes en el más allá.
También pueden recordar a sus difuntos en sus casas si tienen su nombre inscrito en una tabla de madera, a manera de altar.
"En la cultura kuna no hay un día específico para recordar a los muertos, pero uno toma prestado el día de los difuntos", cuenta el escritor kuna Arysteides Turpana.
Los kunas les llevan a sus muertos sainar (un brasero donde queman cacao). El cacao es considerado por ellos como una planta mágica. Su humo trae paz a los espíritus.
Sus tumbas son montañitas de tierra que deben dar la impresión de que la Madre Tierra está embarazada.
"Los musulmanes no tenemos ningún día para recordar a nuestros muertos. Si la familia lo desea, organiza un recital de párrafos del Corán con los que le acreditan buenas obras al difunto", dice Suleiman Mansour.
